Skip to main content

Full text of "Narros y Cadells : drama en cuatro actos, original en prosa y verso"

See other formats


757 



EL TEATRO. 



€@SMÍ¡H©H 
DE OBRAS DRAMÁTICAS Y LÍRICAS. 



-o-O^;*-- 



NARROS Y CADELLS 

2. a parte de D. Juan de Serrallonga. 
DRAMA EN CUATRO ACTOS EN VERSO Y PROSA. 




BARCELONA. 

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE NARCISO RAMÍREZ, 
Pasaje de Escudillers, núm. 4. 

1864. 



~ 



NARROS Y CADELLS 

2.* parle de D. Juan <!<• Serrallonga 



Digitized toy thé Internet; Archive 

¡n 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/narrosycadellsdr2516guer 



NARROS Y CADELLS. 

2." parle de D. Juan de Serrallonga. 



MAMA EN CUATRO ACTOS 



ORIGINAL EN PROSA Y VERSO 



1 



l- 



D. FERNANDO GUERRA. 



fíe presentado con aplauso en el teatro Principal de Barcelona 
e/i de febrero de J86í. 









BARCELONA. 



ESTARLF.fi] MIENTO TIPOGRÁFICO DE NARCISO RAMÍREZ, 
Pasaje de Escudilléis, m'im. 4. 



1864, 



Personajes. Actores. 

D.- JUANA DE TORRELLAS 1)." Matilde Duclós. 

D. JUAN DE SERRALLONGA (niño de 

12 años.) . . » Gkrthudis Castro. 

D." ELVIRA DE COLMENAR » Enriqueta Menenpez. 

LUCIA .» Adela Guijarro. 

JAIME SERRA (a) EL TUT. I). Juan Casañer. 

EL GUERXU » Domingo García. 

D. JOSÉ DE FQNTANELLAS Y PIU- . 

DELL » Rafael C a i.vo. 

D. JUAN DE COLMENAR » Julio Parreño. 

EL FADRÍ DE SAU . » Santiago Buron. 

TRISTAN » José Barta. 

TALLAFERRO José Calvo- 

HOMBRE I o . . . . . » José Guerrero. 

HOMBRE 2." » A\rovio Guillen. 

UN ALGUACIL. (El embozado.). a Luis MazzolÍ. 

UN CENTINELA » Eduardo Rodríguez. .. 

UN SOLDADO . . . . » L. Mazzoli. 

UN CRIADO » A. Guillen 

Soldados de la guardia amarilla, Alguaciles. Bandoleros. Hombres, 
Mujeres y Niñ >s del puebio, Criados de Colmenar. 



El l. er acto pasa en Barcelona en casa de Serra 
y en una plaza; el 2.° en el palacio de Colmenar; 
el 3.° en Caróz en casa de Serrallonga, y el 4.° en las 
Guillerías. 



Época 1645. 



La propiedad de esta obra pertenece á su autor, y nadie podrá sin su 
permiso reimprimirla ni representarla en España y sus poseMones, ni ni 
ros países con que haya o se celebren en adelante contratos internacio- 
nales. 

Los comisionados de la Galería dramática y lírica titulada El Teatro, 
son los exclusivos encargados de la venta de ejemplares y del cobro de de- 
lechos de representación en todos los puntos. 

Queda hecho el depósilo que marca la ley. 



- 

ACTO PRIMERO. 



X-.3L verbena cié £3. JT-ulsixx. 



El teatro está dividido: en ! a parte izquierda del actor hay una casa 
de mezquina apariencia con muebles rústicos, puerta en el fondo 
y otra á la izquierda: ventana con reja y hojas en la pared diviso- 
ria: sobre la mesa un velón grande encendido; en la parte de la de- 
recha plaza larga con fachada grande de palacio, con puerta y ven - 
tanas con rejas á los costados y balcones encima. 

ESCENA PRIMERA. 

Aparece en la casa SERRA, recostado en una silla cerca de la ventana, 
y en la plaza multitud de gente del pueblo con panderetas, guitarras y 
trozos de tea ardiendo; TallafbrrO, ElGüERXÜ, T FADRI confundi- 
dos entre todos: mucha animación y alegría; es de noche. 

Hom. 1." ¡Que viva el señor San Juan! 

Tonos. ¡Viva! 

Doa. 1." Viva la verbena 

y que aquesta noche buena 

de á todos los buenos pan. 
IIom. 2.° V no hay que olvidar el vino 

para fabricar la masa, 

pues con pan solo, es escasa 

la felicidad. 
Hom. 1.° ¡Pollino! 



668590 



-fi- 
no sabes á lo que infiero 

de Dios comprender la ley. 

Déle pan barato el Rey 

y si en él ahorras dinero r 

con las sobras comprarás 

vino, carne y Jo que quieras, 
Tallaf. ¡Esas sí que son quimeras! 

¡El Reyí ¿Cuándo lo verás? 

¿Ha venido á Barcelona? 

¿No es don Juan de Colmenar 

quien pretende gobernar 

cual si ciñera corona? 

¿¡No nos oprime y nos veja 

y como á esclavos nos trata 

y cual mulos de reata 

á palos nos apareja? 
Hom. l.°¡ChistI... ¡Silencio! 
Tallaf. ¿A qué callar 

si son mis dichos certeros ? 

¿No digo bien, compañeros? 
Todos. Sí, sí. 
Hom, 1." No con viene hablar 

porque escuchan las paredes. (Con misario.) 

Mira esa casa... y prudencia. (Por el palacio; 

Allí habita su escelencia. 
Tallaf, ¿Y bien, qué?.,. 
Hom. 1.° Que decir puedes 

cosa que te comprometa . 

y cuando estés descuidado 

puedes purgar el pecado 

de tener lengua indiscrela. 
Tallaf. Es decir... 
Hom. 1 ° Que solamente 

tratemos hoy de reimos, 

de beber y divertirnos. 

Vamos á buscar la gente 

y á bailar una gorrona ... 
Todos, Si, sí, vamos. 
UOM. 1.° (AI que lleva el pandero) [Eh! [Beltrail! 

¡con brio! ¡Viva San Juanl 
Todos. ¡Viva!... ¡Viva Barcelona! 

',Se vaiv todos cantando y tocando.) 



— 7 — 
ESCENA II 

FoNTANRI.I.AS V 'PRISTAN. 

Fontan. Gracias á Dios que se fueron, 
que por cierto me cansaban. 

Tristan. Mala noche has elegido 
para ir á pelar la pava. 

Fontan. ¿Porqué? 

Tristan. Porque no verás 

á la dueña de tu alma. 
¿No conoces que á estas horas 
la gente está de jarana 
para destripar pellejos, 
comer sendas butifarras, 
destrozar frutas, legumbres, 
bailar, cantar y hacer zambra? 
¿No divisas desde aquí 
esa multitud apiñada 
que no cesa de dar vueltas 
por callejones y plazas 
y que te sorprenderá 
cuando en amorosa plática 
digas á Elvira, «mi dueño» 
vella te diga «mi alma?» 
¿No reparas...? 

Fontan. Solo veo 

que si al punto no te callas, 

me van á decir tus lomos 

si es de buen temple mi espada. 

Tristan. Alto; quedo convencido: 
á tales razones no halla 
réplica mi boca, y quedo 
como si fuera una estatua. 
(¡Qué amoroso es mi señorl 
Si digo mas, desenvaina 
y ¡plam! me hace caballero, 
ó ¡pifl cual toro me ensarta!) 

Fontan. Llega veloz á esa reja 

y haz la seña concertada. 

Tristan. Voy allá; y Dios quiera que 



. 




. 












. 
















' "- 








— 8 — 
no me hagan otra en Ja espalda. 

(Va á la reja 1. a del palutio y tlá tres golpeemos.) 

ESCENA IU. 

Dichos y LüCJA á la reja. 

Logia. ¿Quiénes? 

Tristan. Yo. 

Lucía. ¿Tú aquí, Tristan? 

Tristan. Yo que me pongo á tus plantas, 

por no decir á tus pies, 

que planta es mas delicada 

y pie es cosa muy común 

y menos liua que planta. 
Lucía, ¡siempre con ganas de bruma. 
Tristan. Pues no me sobran las ganas, 

porque hoy tengo mal humor 

y me pesa la embajada, 
Lccia. ¿Cual? 
Tristan. Nada; que mi señor 

se ha empeñado en armar plática 

con tu señorita y quiere 

que la avises sin tardanza. 
Lucia. jAj ! no puede ser, Instan; 

mi señorita se halla 

arriba en el oratorio; 

mi señor cerca trabaja; 

tendría que atravesar 

doña Elvira por la sala 

en que esta su padre y puede 

que sospeche... 
Tristan. Nada, nada; 

si ella quiere, bajará 

aunque allí estuviere el papa, 

que es mas que padre, de fijo, 

pues santo además le llaman. 
Locía. Voy á ver, mas no confio.., 
Tristan. Anda, Lucía, y Dios haga 

que tus luces no me enciendan 

mas la luz que aquí en el alma 

luce, al ver esos luceros 



— 9 — 

que luz luciente derraman. 
I.icía. ¡Anda, embustero!... 
Tristan. Lo dicho, 

y que mi lengua es bien franca. 
Lucía. Pues bien, voy; pero vosotros 

alejaos de la casa 

por media hora, no os vean, 

y en cuanto sea pasada, 

venid, que aquí doña Elvira 

estará conmigo. 
Tristan. Basta; 

vete y llévate entretanto 

este beso que... 

tLa va á besar y ella cierra por dentro de pronto.) 

Lucía. Mañana. 

ESCENA IV. 

FOMANELLA9 y TRISTAN. 

Tristan. Bien, me dejó sin narices, 
pero si no me las paga... 

FONTAN. iTristanl (bajando del fondo.) 

Tuistan. Ha sido acción perra .. 

Fontan. jTristan! 

Tristan. Que tendré grabada .. 

Fontan. ¡Tristan!... 

TRISTAN. En el corazón. (Fontanellas le tiá un uunlapié 

¡Esto solo me faltabal 

¡Por delante y por detrás!... 
Fontan. ¿No oías mi voz, canalla?... 
Tristan. La voz, no señor; el pié 

mucho mas que deseara. 
Fontain. Vamos, basta de sandeces. 

¿Que te ha dicho la criada? 
Tristan. Que dentro de media hora 

á la reja estés sin falta 

y se hallará su señora 

esperando. 
Fontan. Muy lejana 

al separarnos de aqui 

no encaminaré mi planta, 



10 



pues sintiera hasta un. segundo 
pasar sin verla. 
Tristan. A la playa 

nos llegaremos á ver 
si la gente está animada. 
¿No os parece? 

FOÍNTAN. Sí, SÍ, vamos. (Andamio.) 

Tristan. j Voy á hacerle á un porrón salva 
para curar mis narices 
y eh.s reverso de mi panza! 
¡Ay San JuanJ Dame tú acierto 
para hallar vino... sin agua. (Vanse.) 






ESCENA V. 

Fadrí, á poco Tallaferro, luego El Gükrxü. 
(Los tres embozados en sus manías.) 

Fadrí. Gracias á Dios que han abandonado el sitio; creí que 
no se iban á marchar en toda la noche; no he conocido 
á ninguno de los dos, pero jurara que eran cadells por 
el desprecio y la altanería que demuestra el mas ga- 
llardo! ¡Raza aborrecible! Cuándo llegará el día en 
que pueda vengar como deseo á... ¡Viene gente! im- 
portunos... 

TALLAF. Si no me engaño... (Que le ha estado observando.) ¡Sí, él 

es!... ¡Capitán! 

Fadrí. [Tallaferro! ¿eres tú?... 

Tallaf. Sí, yo soy. 

i Un hombre embozado entra recatándose en el palacio.) 

Fadrí. ¿Y los otros? 

Tallaf. No he visto á nadie. 

Fadrí. La hora se acerca. 

Tallaf. ¿Pero á qué es esta llamada? 

Fadrí. Ya lo veréis. 

Tallaf. Allí hay un bulto que parece que se recala de nos- 
otros... Amigo... (Yendo á él resueltamente.) 

Güekxu. Yo. 

Tallaf. ¡Guerxu!... 

Guerxu. Sí. 

Fadrí. ¿Y doña Juana? 



- 11 - 

Guerxu. Pronto. 

Taliaf. ¿Vendrá? 

Guerxu. Si. 

Fadrí. ¿A dónde? 

GüKRVU. Adentro, (Señalando i la casa. 1 

Fadrí. Vamos. 

GuEHXU. Alto. (Yaá la reja y hace una seña que sí puede ser imite H 
canto del buho.) 

Sbkra. ¿Eh? ¿qué?... me pareció»., (despertando.) ¿si me ba- 
bréengañado. .? no lo creo... sin embargo... (Vá»fci 

ventana.) 
GüEnXD. Torpe! (Repite la seña) 

SERR.V. ¡Ah! ellos son! (Contesta y vá. á abrir la puerta del fondo.; 
GoEiixu. jYá! 

FadRÍ. Entremos. (Dan la vuelta y entran en la casa.) 
SERBA. Adelante, amigos. (Va dándoles las manos ) 

Fadrí. Buenas noches, Tul. 
Tallap. Dios te guarde. 

Guerxu. Sea. 

■■ ■ ■ 

ESCENA VI 

Dichos, COLMENAR con capa larga y El EMBOZADO, (|ire salen del palacio: 
salen al entrar los otros en la caía. 

Colmen ¿Y tú los conoces? 

Emboz. No, señor. 

Colmen. Bien; pues yo sabré quiénes son. Dentro de media ho- 
ra has de tener cercada la casa , tras de dejar entrar 
á todos los que vayan ; salir ninguno ; que nadie le 
vea; silencio y prontitud; tu cabeza me responde del 
éxito. 

Emboz. Señor... 

COLMEN. Lo dicho ; vete. (Vase el embozado por detrás déla casa.) 
¡Narros miserables; yo destruiré vuestras inmundas 
guaridas y haré olvidar hasta la existencia de vues- 
tros-nombres; todos caeréis en mi poder y el día que 
vea balancearse el cadáver del último de vosotros en 
la horca, será el mas feliz de mi vida. ¡ Las (Se oyen ia= 
doce de un reloj de torre.) doce! Vamos á dar que ha- 
cer al verdugo. Rondemos la ciudad y hagámonos 
guardia á nosotros mismos. 



- 12 - 

ESCENA VII. 

Serra, Fadrí, Guerxo y Talla* erimí en la tasa. 

Serra. Amigos; ya sabéis que hace diez años perdimos á 
nuestro valiente capitán don luán de Serrallonga; 
desde aquel dia, ni uno de nosotros se ha entregado 
al descanso, sin haber jurado esterminio á esos infa- 
mes cadellsque nos persiguen como fieras y que tra- 
tan al pueblo peor que tratar pudieran á miserables 
perros Ha llegado el dia de declararles una guerra 
sin tregua ni descanso: una guerra de desolación y lu- 
to; una guerra mas cruel que la que en estos últimos 
años nos han hecho. 

Fadrí. Sí, harto hemos sufrido , harto hemos soportado el 
pesado yugo de hierro que han puesto sobre nuestros 
cuellos. Unámonos de una vez para combatir contra 
esos infames. 

Tallap. Prontos estamos todos. Las Guillerías están hirviendo 
en furor y deseando sus valientes hijos que se presen- 
ten jefes que los lleven al campo, á las ciudades 
para derrotar á los cadells donde quiera que los en- 
cuentren. 

Güerxü. Sí. 

Serra. Desde el dia en que fui preso con nuestro desgraciado 
capitán por sospechas de haber asesinado al infame 
don Carlos de Torreílas 

Fadrí. No, lo maté yo, y si fuera posible que tuviese veinte 
vidas, veinte veces le buscara , esponiendo la mia, 
y otras tantas le hundiera mi cuchillo en su corazón. 

Serra. Bien, Fadrí, bien; yo haria lo mismo. 

Tallaf. Y yo. 

Guerxu. También. 

Serra. Oid; desde el momento en que fui preso y en que con- 
sideré que pagaría con la vida la amistad que profesó 
á don Juan de Serrallonga , perdí toda esperanza : yo 
iba á subir después de él al cadalso sin haber come- 
tido mas crimen que el de haberle profesado una cie- 
ga amistad y respeto. Don Juan de Colmenar mandó 
asesinarme en el calabozo, no encontrando pruebas 
para hacerme comparecer ante un tribunal; ya el 



ii 



Faouí. 



Serra. 



Fadrí. 
Serra. 

I 
Fadrí. 



Sbrka. 



Fadrí. 
Serra. 
Fadrí. 
Serra. 
Padkí. 
Serrv. 
Fadrí. 
Sekra, 
Fadrí. 



verdugo tenia el brazo levantado contra mí, que me 
hallaba aherrojado inhumanamente , cuando el Infor- 
tunado don Sal vio de Fontanellas, gobernador de Bar- 
celona, penetró en el calabozo y me arrancó de las 
manos de mi verdugo para ponerme en libertad, di- 
ciendome: «Salvé al Fadrí de Sau, te saho á ti, y sal- 
varé á todo hombre de bien que haya obtenido la 
amistad de Serrallonga; es su último deseo y siempre 
lo cumpliré.» 

Es verdad. ¡ Noble corazón! él me dio una orden de li- 
bertad, cuando pudo haber lirmado mi sentencia. ¡Po- 
bre joven! mal podia imaginar que á tan pronto segui- 
ría á nuestro capitin. 

Si, un mes no había pasado todavía, cuando una ma- 
ñana al salir yo de casa, me dijeron que se habían har 
Hado tres cadáveres cerca del convento de Sania Cla- 
n; el uno era el de don Salvio, cosido á puñaladas; 
los otros se conocía eran dos de sus asesinos, á los 
cuales mataría defendiéndose... 
¿Y eran narros? 

Ninguno <le los nuestros les conoció ; antes bien se 
supuso fuera una venganza indigna de Colmenar, en- 
vidioso deque le hubiesen pospuesto en el nombra- 
miento de gobernador de Barcelona , dado á favor de 
don Salvio. 

Si, y eso será lo cierto. Colmenar es un infame y él se- 
rá responsable ante Diosde esa v ileza mas; no lo dudo. 

(Empiezan á verse soldados y alguaciles que pasan recatándose 
y van á ocupar las esquinas de las calles, pero desapareciendo 
de la vista del público.) 

Hoy es el aniversario de la noche en que un juramen- 
tó nos ligó á todos en el panteón de la casa de Serra- 
llonga en el pueblo de Caróz. ¿Sabéis lo que juramos? 
Esperar. 

¿Cuánto tiempo? 
Ocho años. 

¿Hacia dos que habia muerto don Juan? 
Sí. 

¿Quién os exigió aquel juramento? 
Doña Juana. 
¿Le habéis cumplido? 
La memoria de nuestro capitán y la voluntad de su 



- 14 - 

viuda nos ha dado paciencia para ello, 

Serra. ¿Para dónde quedasteis citados? 

Faurí. Para esta noche en tu casa. 

Serra. ¿A qué hora? 

Faurí. Entre doce y una. 

Surra. Las doce han dado. 

FadrÍ. ¿Vendrá doña Juana? ( Llaman á la puerta de un modo par- 
ticular./ 

Serra. Ella misma te contesta. 

Fadrí. ¿Es ella quien Jlama? (Con alegría.) 

Serra. Es su seña. Voy á abrir. (Abre. 



ESCENA VIII. 

Dichos, DONA JüANA y DON Juan, que queda ocullo delrásde la puerln 
hasta su tiempo. 

■ 

Serra. Buenas noches, señora... Seáis bien venida á esta 

vuestra pobre casa. 
Juana. Gracias, Serra. Bien hallados, amigos. 

FADRÍ. ¡Señora!... (Vaá hablar y se le sallan las lágrimas.) 

Juana. Fadrí, mi cariñoso (Llorando pei-o conteniéndose.) y ver- 
dadero amigo... ¿lloráis? ¡Ahí tenéis razón. Siempre 
que nos vemos después de alguna, aunque corta au- 
sencia, se presenta á nuestra imaginación el último 
momento de mi querido y desgraciado esposo: aque- 
lla cruel despedida que tan fija se halla siempre en mi 
imaginación; aquel terrible (Con ardor creciente.) instan- 
te en que le perdí para siempre; aquel golpe cruento 
y desgarrador que separó su cabeza del tronco, ha- 
ciendo correr la sangre que desde el cadalso vino á 
inyectar mis ojos, cual un velo que solo pudo disipar 
por el momento la terrible venganza que durante dos 
años me ayudasteis á ejercer contra esos infames que 
me lo asesinaron sin piedad... ¡Ah! ¡Juan mió! ¡Juan 

de mi COrazonl... (Cae desfallecida llorando en una silla que 
la pone Serra: quedan rodeándola todos con cariño. Pausa.) 

FADRÍ. Señora... por piedad... no... (No puede hablar de emo- 
ción.) 

Serra. Llorad, señora; dad libre rienda al dolor; llorad sí eso 
os consuela; pero tú, Fadrí, acuérdate de lo que he- 
mos hablado, y en lugar de verter lágrimas, sé hom - 



— 15 — 

bre y narro; don Juan murió hace tlier años y enton- 
ces le pagamos lodos el tributo debido á su memoria. 
Don Juan murió asesinado por esos infames cadells; 
los cadells existen; ó ellos ó nosotros estamos demás 
en el mundo. Caigan pues, ó perezcamos como los hi- 
jos de Numancia. Esta es mi opinión. 

Tau.af. Y la de todos. 

Gurrxu.Sí. 

FAttití Dispensadme, compañeros, un momento de debilidad 
que no me avergüenza, por ser consagrado á tan dig- 
no objeto. Pagada mi deuda de cariño á su memoria, 
vuelvo á ser el Fadrí de Sau, el narro invariable y el 
vengador de don Juan, 

Juana. Gracias, amigos. (Levantándose animada.) Ya que os en- 
cuentro tan decididos, quiero cumplir el deber que me 
he impuesto. Antes de comprometeros en uua nueva 
lucha, ¿estáis bien resueltos á combatir contra los ca- 
dells? 

Serra. ¿Que si estamos resueltos? ¿Y vos nos lo preguntáis? 

Fadrí. Meted á un tigre en una jaula; tenedle sin comer dos 
días y luego antes de darle libertad, enseñadle por Ja 
verja de hierro una presa, dará un rugido al verla; 
echádsela entonces y la destrozará y la devorará hasta 
que no quede vestigio de ella; pues bien, figuraos que 
nosotros, los narros, somos tigres y los cadells la pre- 
sa que durante ocho años ha estado siempre delante 
de la jaula burlándose de nuestro furor; ¿qué haremos 
cuando esta se nos abra? 

Guerxu. Matar. 

Juana. ¿Y si yo os pidiera que cejarais en vuestro empeño? 

Serra. ¿Qué? 

Tallaf. ¿Cómo? 

Fadrí. ¿Qué decís? ¿he oido mal? hablad... 

Juaiva. ¿Si yo os dijera, renunciad á vuestra venganza?... 

Fadrí. Imposible, señora. 

Serba. Tanto valdría matarnos. Pues qué, ¿podríamos vivir 
ya sin la esperanza de destrozar á ese bando insolen- 
te? ¿Podríamos olvidar lo mucho que nos han hecho 
sufrir? ¿Podríamos dejar sin venganza á nuestros in- 
felices compañeros que menos pacientes que nosotros, 
se atrevieron á contrarestar el poder de los cadells, 
pereciendo casi todos inhumanamente por sustentar 



- té - 



su buena causa? No: la hora do ia justicia ha llegado: 
vos no podéis exigirnos mas de lo que hemos hecho: 
¿son pocos ocho anos de un continuo esperar? Por 
nuestro juramento hemos estado ociosos; vos tenéis la 
llave de nuestras voluntades: vos no podéis querer tan 
mal á vuestros hijos, exigiéndoles mas de lo que pue- 
den hacer. ¿No es cierto, compañeros? 

Tonos. Sí. 

Fadrí. Antes la muerte que ceder. O ellos, ó nosotros; elegid. 

Juana. Vosotros, hijos, vosotros. tCon grandr- espansion.) No 
puede mi corazón resistir el fuego de vuestras justas 
recriminaciones; al oiros mi imaginación me recuerda 
los dolores que he sufrido, lo infeliz que me han he- 
cho esos malvados, ladesgraciada muerte de mi querido 
esposo, y a mi pesar siento inflamarse mi sangre, 
anhelando la destrucción de nuestros enemigos. 

Fadhí. ¡\h! jeso es! así os quiero ver: firme y valiente, cual 
en los buenos tiempos en que erais nuestro capitán. 

Tai.lak. ¿Hoy lo seréis de nuevo, no es verdad? 

SuitiiA. ¿Y cómo nó? ¿pudiera negarse á ello? 

Juana. Sí, me niego. 

Todos. ¿Gomo? ¿porqué? 

Joana. Porque otro con mas derecho que yo os llevará al 
combate. 

Seiira. ¿Y quién es ese otro? 

NlÑO ¡YÓ! (Apareciendo en medio del foro.) 

Tobos. ¡Un niño! 

Niño. Sí, un niño, ya lo veis; pero que siente latir en su pe- 
cho un corazón de gigante; un niño, tanto mas fuerte, 
cuanto se ha educado en la escuela de la desgracia: 
un niño, que hoy se presenta á vuestros ojos con un 
nombre que hace latir vuestros corazones; un niño 
que se llama don Juan de Serrallonga. 

Tonos. ¡SerralJongal 

Fadrí. jCómo, señor, vos! ¡Vos aquí! ¡A.b! perdonadme, per- 
donadme no haberos reconocido, mi ilustre ahijado. 

Serra. ¿Cómo? 

Fadrí. Sí, lo es y aseguro por mi nombre que es un gallardo 
mancebo. 

Niño. Gracias, padrino. (Dándole la mano ) 

Juana. Sí, este es mi hijo: ocho años le he tenido en Francia 
inculcando en su corazón Jos sentimientos que hacían 



— 17 — 



Todos. 
Niño. 



Seura. 
Todos. 
Juana 



Niño. 

Serra. 
Juana. 
Serra. 



Fadrí. 
Serra. 

Niño. 
Todos. 



latir el de su padre, y este es el que os presento hoy 
que se ha cumplido el plazo que os pedí, para pregun- 
taros, ¿le queréis por vuestro capitán? 

Sí. (Con entusiasmo^ 

Gracias, amigos, gracias; yo corresponderé á esajus- 
ta confianza llevándoos á combatir contra esos infa- 
mes cadells; haciéndoos quedar triunfantes sobre ellos, 
ó pereciendo al defender tan noble causa. ¿Juráisme 
obedecer en todo las órdenes de mi querida madre? 
Y las vuestras, señor. ¿No es verdad? 

Sí. (C<>n entusiasmo.) 

Pues separémonos ya; que las sombras de la noche 
envuelvan nuestros proyectos, hasta que llegue el dia 
de poner por obra nuestros planes. 
Dentro de tres dias, en Caróz, en la casa de mis glo- 
riosos padres. 
Hasta dentro de tres dias. 

Marchemos; no quisiera que me viesen en Barcelona. 
Pues no salgáis por esa puerta, porque estando la 
gente en la verbena, sería fácil algún tropiezo. Venid; 
en la habitación inmediata y detrás de mi lecho, hay 
una salida secreta; dá á una caba que conduce fuera 
de Barcelona; os la enseñaré á todos y con eso podréis 
entrar y salir por ella, siempre que queráis, sin in- 
fundir sospechas. Me vi precisado á hacerla cuando 
Colmenar juró mi perdición y á ella he debido muchas 
veces la vida: os acompañaré hasta dejaros en lugar 
seguro. 
Como quieras. 

Dejadme cerrar la puerta y la ventana, y ahora, mar- 
chemos. (Después de cerrar.) 
Hasta dentro de tres dias. (Con solemnidad.) 

Hasta dentro de tres dias. (Se van todos por la izquierda.) 



ESCENA IX 
Fontanellas y Tristan. 



Tristan. ¿Pero es posible, señor. 

que haya de pagar mi cuerpo 
delito que no comete? 
¿Soy acaso el relojero 



-IS- 
tfue hace andar el de Ja torre 

con tanta calma? Yo creo 

que no, y es una injusticia 

que ¡por San Juan! no merezco, 

el tratarme á puntapiés, 

como si fuera algún perro. 
Fontan. ¿Cómo es posible, vergante, 

que pasando tanto tiempo 

no llegue á treinta minutos 

lo que... 
Tristan. Señor; ¡por San Pedro! 

treinta minutos de amante 

cuando espera son eternos, 

y cuando á su gusto está 

casi no llegan á un credo. 

Ya verás como ahora hablando 

será el reló mas ligero. 
Fontan. Mira si espera mi amor. 

Vé á la reja y llama. 
TRISTAN. Vuelo. (Ya á la reja y llama quedilo.) 

ESCENA X. 

Bichos, Lucía y a poco Doña Elvira; 

Lucía. ¿Eres tú? 

Tristan. Sí, yo so' 

Ldcía. ¿Y tu amo? ¡Ahí ya le veo, 
Fontan. Guarda la calle, Tristan. 
Tristan. Gran cosa es ser escudero. 

Adiós, Lucía. 
Lucía. Adiós. 

Tristan. Voy... 

á no estorbar á mi dueño, 

y á guardarle, no le guarden 

donde el SOl no pueda verlo. (Vase fondo izquierda.) 

ESCENA XI 

Doña Elvira y Fontanellas. 

ELVIRA. ¡Fontanellasl (Lucía se retira de la reja.) 
Fontan. Sí, yo soy, 



- 19 - 

aurora del claro dia; 

vuelva al pecho la alegría 

de que ha carecido hoy, 

señora del alma mia. 

Yo soy quieu siempre anhelante 

por gozar este placer, 

supo á este punto volver 

mas cariñoso y amante 

para probar su querer. 

Yo, quien mientras tú rezabas 

con religioso fervor 

y tu oración con ardor 

hasta el Eterno elevabas 

en puro y tierno clamor; 

por tu calle silencioso 

contando el tiempo afanoso 

rondaba sin alma y vida, 

hasta oir tu voz querida 

y mirar tu rostro hermoso. 

Elviua. Yo también con impaciencia 
las horas via pasar 
muy tristes sin tu presencia, 
y con profundo pesar 
me quejaba de tu ausencia. 
Y si en mi oido sonaba 
el rumor leve del viento 
que las hojas meneaba, 
que era tu querido acento 
contenta me íiguraba. 
Dos veces bajé al jardín 
y dos veces me engañé, 
y rosa, nardo y jazmín 
con mis lágrimas regué 
sin que llegaras al fin. 
Hora tras hora esperando 
y tu tardanza sintiendo, 
el dia se iba pasando 
é iba la noche viniendo, 
é iban mis ojos llorando. 

Fontan. No ha sido la culpa mia; 
lo fué de mi obligación; 
Con el tercio de facción 



— 20 — 



Elvira. 
Fontan 
Elvira. 

Fontan. 



Elvira. 
Fontan 
Elvira. 
Fontan 



Elvira. 
Fontan. 

Elvira. 



Fontan. 



Elvira. 
Fontan. 



me marché al rayar el dia 

para una grave misión. 

Todo el dia caminé 

por malezas y por valles, 

y mi paciencia apuré 

hasta que há un hora, las calles 

de Barcelona pisé. 

¿Un encargo grave has dicho? 
. Sí, muy grave. 

¡Justo Dios! 

Si hay peligro... 

¡Qué capricho! 

No han de cavar en mi nicho 

los presos. 

¿Cuántos son? 

Dos. 

¿Y qué han hecho? 

No lo sé. 

Son dos narros asesinos 

sin ley, sin Dios y sin fé 

que robando en los caminos 

tiempo há que el Ampurdan vé. 

¡Pobre gente! 

¡Cómo, Elvira! 

¿tú los compadeces? 

Sí. 

Yo no los miro con ira, 

pues pudiera ser mentira 

gran parte de lo que oí. 

Ellos á mi pobre hermano 
asesinaron vilmente. 

Salvio, que se mostró humano 
con tan temeraria gente, 
hubo muerte de su mano. 
No pienses... 

Tienes razón. 
Perdona, ángel hechicero 
un grito del corazón 
que subió al labio ligero 
en no muy cuerda ocasión. 
Hablemos, hermosa mia, 
del dia en que te miré 



— 21 — 

rebosando de alegría 

decir: corresponderé 

á amor de tanta valía. 

Que son tus ojos, brillantes 

que lanzan tantos destellos 

cuando me miran amantes, 

que el alma me dejo en ellos 

de dicha en tales instantes. 
Elvira. Cesa por Dios y no más 

tus frases turben mi calma, 

que si tanto amor me das, 

bien pagado le verás 

si te doy gustosa el alma. 
Fontan. Me hizo el cielo poderoso 

al darme tu corazón; 

por eso yo cuidadoso, 

te ofrecí por galardón 

el dulce nombre de esposo. 

Mas .. hablemos de una cuita 

que á mi amante pecho altera. 
Elvira. ¿Di, qué tienes, qué te agita? 
Fontan. Tu padre, sin mas espera 

saber mi amor necesita. 
Elvira. (Con temor ) ¿Y osarás?... 
Fontan. ¿Y porqué no? 

Tu amor me dá valentía 

para todo y osadía. 

¿Qué por tino hiciera yo? 
Menos una cobardía, 

todo. 

ESCENA. XII 

Dichos y TrISTAN. 

Tristan. Señor, ¡ay San Bruno, 

San Marcos y San Semproniel 
jSeñor, que he visto al demonio!... 

Fontan. ¡Eh! [no seasimportunol 
¿Qué es eso? 

Tristan. Qué? que allí hay uno, 

(Señalando á todas las esquinas y á media voz.) 



- 22 ~ 

y allí... ¡ayl ¡estoy en un potro!... 
Elvira. ¿Qué es? ¿Di? 
Fontan. Sí, dínoslo luego. 

Tristan. Que estamos dentro del fuego; 

que allí hay otro y allí hay otro, 

y otro y otro. ¡Ay! Si mi ruego 

llega. Señor, hasta Tí, 

acuérdate ¡oh Dios! ¡de mil 
Elvira. ¡Ay! ¡yo tiemblo! 
Tristan. . Y yo también. 

Fontan. Retírate, pues, de aquí 

y nada temas, mi bien. 
Elvira. Muerta voy. 
Tristan. Y muerto quedo. 

Fontan. Noche es de broma... 
Tristan. Y de miedo. 

Fontan. Y broma todo será. 
Tristan. Que se acercan. 
Fontan. Vete yá. 

Tristan. Apenas tenerme puedo. 

(Fontanellas y Tristan pegado á él se embozan y se retiran á la 
esquina baja del palacio.) 

ESCENA XIII. 

Di.hos, el Embozado, Alguaciles y Soldados; á poco Colmenar y 
mas Soldados. 

El Embozado sale por detrás de la casa y llama por señas á los alguaciles 
que se ponen á escucbar por la reja de la casa izquierda y la puerta 
haciéndose señas de inteligencia unos á otros. 



Emboz. 


¡Chist! ¡chist! 


Tristan 


¿Eh? 


Emboz. 


¡Chist!... 


Tristan. 


¡Cómo salen 




alguaciles!... 


Fontan. 


¡Torpe, calla! 


Tristan. 


¿"Qué buscará esta canalla? 




Si los cielos hoy me valen 




en tan tremenda batalla 




y no me hacen empalar 



— 23 — 

y me dejan con pellejo, 
juro que he de profesar 
y ser un monge ejemplar 
hasla morirme de viejo. 

COLMEN. (Saliendo con soldados y dirigiéndose al embozado ) Abrid. 
EMBOZ. (Llamando á la puerta de la casa tres veces..) 

|En nombre del reyl 
Tristan. iCielosl ¡el gobernador! 
¡Buena la hicimos, señor! 

EMBOZ. (Dirigiéndose á los soldados.) [Abrid! 

(Pausa.) ¡Ayuda á Ja ley! 
Colmen. [Abajo la puerta! 

(Los soldados echan abajo la puerta y entran todo».) 
Tristan. [Horrorl 

Emboz. 'A Colmenar.) [Señor, aquí á nadie encuentro! 
Colmen. ¡Registrad (Entran en la izquierda.) en esa pieza!... 
Emboz. (Caliendo.) ¡Ninguno se halla aquí dentro! 
Colmen. ¿Se habrán fugado? ¡Oh torpeza! 

¡Pagarás con tu cabeza! 
Emboz. ¡Señor, cómo puede ser!... 

¡Yo estoy inocente! ... 
Colmen. /Tunoso, á los soldados.) ¡Averl 

Llevádmele asegurado 

á palacio y maniatado!... 
Emboz. Mas... 
Colmen. Que no le vuelva á ver!... 

Yo sabré... 

(Los alguacile? se llevan al embozado y Colmenar entra por ¡a 

puerta izquierda quedando en escena solo la tropa.) 

(En el palacio se ve un resplandor rojizo que vá estendiénJose 

gradualmente hasta parar en un fuego devorador.) 
Fontan. ¡Qué resplandor!... 

Tristan. ¿Qué sucede? 
Fontan. ¡Dios bendito! 

¡Arde el palacio!... 
TRISTAN. (Pegando un salto al otro lado desde la pared del palacio don- 
de estaba recostado.) ¡ Ay! ni frito 

escapo!... 

Elvira j , ,■„■'."•', 

T tjcía I ( Desde denlro del palacio.) [Favor, favor! 

Fontan. ¡Ese penetrante grito 
es de Elvira!... 



— 24 — 

TRISTAN. (Gritando: empieza á acudir gente.) ¡Fuegol ¡fuego! 

COLMEN. (Saliendo déla casa y viendo el fuego. Sigue saliendo gente atro- 
pelladamente, de manera que se vea gran movimiento.) 
¿Qué es eso? ¡CielosI ¡mi casa! 
¡Abajo esa puerta luego! 
iQue la echéis abajo os ruego!... 

(Varios hombres se adelantan y tratan de echarla abajo: los sol- 
dados salen de la casa y con las alabardas echan la puerta al 
suelo á golpes.) 

ELVIRA. (Dentro con un gran grito.) ¡Jesús! 

Colmen. ¡Mi Elvira se abrasa! 

(Con un golpe violento salta la puerta: se vé el fuego en toda su 
fuerza.) 

FONTAN. (Abriéndose paso por entre todo el grupo de gente que trae 
azadones y hachas.) 

Colmenar, yo salvaré 
a vuestra prenda querida. 

(Arrojando su capa y espada que recoge Tratan.) [Paso!... 

Todos. ¡Fuego!... 

Elvira. ¡Ay! (Dentro.) 

TRISTAN. (Yéndose á un estremo huyendo.) jEs perdidal 

Fontan. ¡Paso! 

(Lanzándose por medio del fuego y desapareciendo por la 
puerta, derecha.) 

Colmen. Señor, mátame, 

pero conserva su vida!... 

(Continúa el fuego, se vé pasar á Serra que sube por la esca- 
lera; á poco se hunde un trozo de pared y se vé atravesar por 
una viga ardiendo á Fontanellas llevando desmayada en sus 
brazos á Elvira. Cuadro animado: las eampanas tocan á rebato: 
el pueblo y los soldados trabajan para apagar el fuego: los al- 
guaciles y otros hombres rodean á Colmenar.) 



FIN DEL ACTO PRIMERO. 



— 2."> 



ACTO SEGUNDO. 



La escena representa la parte del palacio de Colmenar que se ha sal- 
vado del incendio: muebles de la época, de lujo: puertas laterales 
y en el fondo balcones en segundo término. 



ESCENA PRIMERA. 
Lucía y Tristan. 

Tristan. ¿Con que por poco, Lucía, 
te convierte en chicharrón 
el fuego? 

Lucía. Por mi desgracia. 

Tristan. ¿Pero cómo se prendió? 

Lucía. Nadie lo sabe; primero 
el cuarto de mi Señor 
se vio presa de las llamas 
y también el pabellón 
que habita mi Señorita; 
estaba como ella yo 
no recobrada del susto, 
y susto por cierto atroz 
que por vosotros tenia... 

Tristan. ¿Por nosotros? 

Lucía. ¿Cómo no, 

si me dijo que quedabais, 
cual diz que se vio Sansón, 
cercados de filisteos? 



— 26 - 

Tristan. ¡Ah! sí, es verdad. Sigue. 
Lucía. Voy. 

En cuanto subió á su cuarto 
doña Elvira, con temblor 
y espanto samo, me dijo 
vuestra triste situación; 
yo deseosa de saber... 
Tristan. No fueras mujer sino... 
[Maldita curiosidad! 
[Cuántas!... 
Lucía. ¡Calla, por favor! 

Pues, queriendo averiguar 
del lance la conclusión, 
iba á bajar presurosa 
para inquirir con veloz 
diligencia el resultado, 
cuando me encuentro... ¡oh dolor! 
que estábamos rodeadas 
de fuego. 
Tristan. ¿Y quién lo prendió? 

Lucía. Si no se sabe; cortinas, 
sillerías, tocador, 
nuestros lechos, todo ardía 
sin consuelo. Un humo atroz 
nos ahogaba, y á no ser 
por el arrojo y valor 
que tu amo por el fuego 
atravesando mostró, 
fuéramos las dos cadáveres 
sin ninguna remisión. 
Tristan. No lo creas, que en la calle 
cual nadie gritaba yo 
para que á ambas os salvaran. 
Lucía. Y dime, gran camastrón, 
¿por qué no subiste tú? 
Tristan. Porque padezco de tos, 

y con el humo, es posible 
que sufriera una accesión. 
Pero di, tu señorita 
se quemó algo que... 
Lucía. Eso no; 

tu amo v otro vecino 



— 27 — 

de enfrente, con decisión 

la sacaron y salvarla 

consiguieron. 
Tristan. Mi señor 

para lances de esa especie 

es mas fiero que un león. 
Lucía. Mas aquí se acerca el amo. 

Márchate pronto, que no 

te vea. 
Tristan. Si pafa él traigo 

un recado. 
Lucía. ¿Cómo? 

Tristan. Soy 

enviado-estraordinario 

y ministro-embajador. (Se retira un poco. 

ESCENA II 

Dichos y COLMENAR por la derecha. 

Colmen. ¿Estabas aquí, Lucía? 

¿Y mi Elvira? 
Lucía. Casi buena, 

y me ha enviado á deciros 

que no hayáis miedo por ella. 

Pasado el susto, reposa 

con sonrisa dulce y tierna. 
Colmen. Pues vete á su lado y dile 

que entraré muy luego á verla. 
Lucía. Voy, Señor. (Vase por la izquierda.) 
Colmen. ¿Y tú, quién eres? 
Tristan. Un criado de Vuecencia 

que pide besar sus manos 

y sus pies... 
Colmen. ¿Y qué deseas? 

Tristan. Vengo en nombre de mi amo 

á pediros una audiencia. 
Colmen. ¿Y quién es? 
Tristan. Señor, el joven 

que con temeridad ciega 

salvó anoche á vuestra hija 

v también á su doncellc. 



- 28 — 

El joven á quien debéis 

la mas adorada prenda 

de vuestra alma. El capitán 

don José de Fontanellas. 
Colmen. ¡Fontanellasl (Fatal nombre, 

siempre tijo en mi conciencial) 

¿Y qué desea? 
Tristan. Os suplica 

llegar á vuestra presencia. 
Colmen. Dile que mi casa es suya 

y cuanto se oculta en ella. 

Que no ha menester permiso 

para venir cuando quiera, 

pues quien á mi hija salvó 

dueño es de toda mi hacienda. 
Tristan. Voy á llevarle corriendo 

tan satisfactoria nueva. 

Que Dios guarde muchos años 

la vida de Vuecelencia. 

ESCENA III. 

Don Juan, á poco un criado. 

¡Destino, nunca te cansas 
de poner mi vida á prueba! 
¿Con que el que á mi hija salvó 
es don José Fontanellas, 
el hermano de don Salvio, 
del que entregó la existencia 
á manos de los sicarios 
que pagó mi única diestra? 
¿Con que siempre me he de hallar 
ese nombre en la carrera 
de mi vida, como lámina 
de un crimen que oculta ella? 
¿Es acaso atroz castigo 
que me dá la Providencia, 
para probar el valor 
de mi pecho?... ¡Si asi fuera, 
yo aseguro por mi nombre 
que en mi hallará fortaleza! 



- 29 -- 

No ha de ver en mi semblante 

la mudanza mas pequeña, 

ni del crimen que me abruma 

saldrá á sus ojos la muestra. 

Venga cuando quiera, si, 

don José de Fontanellas: 

cruzaránse nuestras manos 

con la amistad mas sincera. 
Criado. (Saliendo por el fondo.) Señor, un hombre pretende 

presentarse á Vuecelencia. 
Colmen. ¿Quién es? 
Criado. Yo no le conozco. 

Colmen. Está bien; que entre y despeja. (Aparece SerraeneUondo. 

ESCENA IV. 

Colmenar t Serra. 

Colmbn. Adelante. ¿Qué pretendes? 
Serra. Señor, justicia reclamo. 
Colmen. ¿De qué y contra quién? Concluye. 
Serra. ¿De qué? de haberme robado 

lo poco que poseia 

con vileza y con engaño. 

¿Contra quién? Voy á decirlo; 

contra los mismos soldados 

que ayudados de alguaciles 

echaron la puerta abajo 

de la casa que yo habito 

en frente de este palacio. 
Colmen. ¿Cómo? ¿Eres tú acaso el huésped 

de esa cobacha? 
Serra. Escusado 

es repetiros que si; 

de todos vuestros lacayos 

soy conocido, y por cierto 

que os dirán al preguntarlos 

que el catalán Simón Roig 

ha sido, és, y será honrado. 
Colmen. ¿Y te quejas?... 
Serra. De violencia; 

¿porqué ha sido sin reparo 



— 30 — 

de ninguna especie, abierto 

mi hogar y desmantelado? 

¿Por qué culpa ahora me encuentro 

Sin albergue y Sin trabajo? (Movimiento de Colmenar. 

Sin trabajo, sí; pues quedo 

sin rejas y sin arados. 

Díganme en qué he delinquido 

para autorizar tal paso; 

que me juzguen en buen hora 

si creen que yo he faltado 

á los sagrados deberes 

que tiene cada vasallo: 
• v que me digan el delito 

que me achacan, que yo cargo 

con todas las consecuencias 

y todos los resultados; 

pero guarden igualmente 

los derechos sacrosantos 

que debe tener la ley 

con todos los ciudadanos; 

no se atropelle un hogar 

cuando ausente esté su amo; 

respete al pobre en su casa 

cual el rico es respetado, 

que los bienes de fortuna 

ante la ley son en vano; 

esta es cual Dios; no la vencer 

riquezas, brillo ni fausto; 

ante ella todos iguales, 

ante Dios todos hermanos; 

quien falta á ella, falta á Dios 

y á sus preceptos sagrados. 
Colmen. ¿Has concluido? 
Serra. Sí á fé, 

Señor. 
Colmen. Muy bien ; te he escuchado 

sin quererte interrumpir, 

porque me era necesario 

conocer bien el delito 

de que te vienes quejando. 

Mas puesto que ya te oí, 

escúchame y ten cuidado. 



— 31 — 

Serka. Ya escucho, Señor . 

Colmen. Anoche 

varias personas entraron 
en tu casa y no salieron 
por la puerta. Vigilando 
estu\ieron en la calle 
los alguaciles, y... 

Serra. Acaso 

se engañarian... por fuerza; 
¿tiene otra puerta mi cuarto 
para salir sin ser vistos? 

Colmen. No; pero... 

Serra. Pues está claro; 

sin duda algún envidioso 
de mi libertad, ansiando 
ponerse bien con Vuecencia 
tal enredo me ha fraguado. 
Anoche, Señor, después 
de dar las doce, llegaron 
unos parientes que tengo 
á buscarme, para un rato 
pasear por la verbena 
con ellos y echar un trago 
en gracia de ser la noche 
de San Juan; no habian pasado 
diez minutos, cuando todos 
salimos de casa, y dando 
un paseo por la playa, 
á casa de mi cuñado 
nos fuimos, donde la cena 
ya noseetaba esperando. 
Allí juntos estuvimos, 
hasta que voces notamos 
que decían ¡fuego I ¡fuego! 
con temor y sobresalto. 
Al preguntar dónde es 
y oir que en vuestro palacio, 
vengo corriendo; las llamas 
devastadoras, quemando 
la habitación de vuestra hija 
iban yá. 

Colmen. ¡Recuerdo aeiago! 



— 32 - 



Serra. 



Colmen, 
Serra. 



En tan apurado trance 
á la escalera rae lanzo; 
llego hasta su habitación 
por entre el fuego cruzando, 
y rae la dá un caballero 
que ya la sacaba en brazos. 
Él y yo hasta vuestros pies 
la condujimos, quedando 
ella sin sentido en tierra 
y vos gozoso á su lado. 
¿Cómo? tú fuistes el que... 



Yo. 



Y aun hice mas; pues no estando 

satisfecho si moría 

alguno del resultado 

de mi arrojo, atravesé 

los tizones incendiados, 

salvé al que estuvo en peligro, 

y con voces animando 

á los que allí se encontraban, 

logré ver pronto apagado 

el fuego que ya envolvía 

la mitad de este palacio. 
Colmen. Gracias te doy con el alma. 
Serra. Y cuando todo acabado 

se hallaba, vóime á mi casa 

y me encuentro que mi cuarto 

había sido en mi ausencia 

•completamente robado. 

Pregunto y me dicen que 

alguaciles y soldados 

saltaron la cerradura 

dejándolo abandonado 

después, y durante el fuego 

ladrones sin duda entrando, 

me robaron mi pobreza 

dejándome sin amparo. 
Colmen. Nada tienes que temer; 

quédate ahora á mi lado 

y nada te faltará. 
Serra Gracias, Señor. (Aparte.) Ya he logrado 

mi objeto. (Alto.) Si mis servicios... 



— 33 — 

Colmen. La casualidad aplaudo 

que (e ha traído, y prometo 

no olvidar tu arrojo bravo. 
Srrra. Ponedlo á prueba y veréis. 
Colmen. Pronto será necesario. 

Retírate y véme luego. 
Serra. En esa antesala aguardo. 

(¡Gracias, Dios! más que pedia 

benigno me has otorgado. 

¡Ah! |Don Juan! ¡tiembla! tu vida 

des'le hoy está entre mis manos.) [Visé:) 

ESCENA V. 

Colmenar, dn criado. 

Criado. Señor, este parte acaban de traer. 

Colmen. Dámelo; veamos qué me anuncian. (Lee.) «Señor Go^ 
bernador; acaba de ser preso un hombre sospechoso, 
el cual vagaba anoche por los alrededores de palacio; 
acabo de enviarle á vuestra presencia por si queréis 
interrogarle.» Sí, al momento.— Que traigan inmedia- 
tamente al preso y que avisen á mi secretario. 

Criado. No ha venido todavía, Señor. 

Colmen. Pues cuando llegue, que pasea mi despacho. 

Criado. Bien está. 

ESCENA VI. 

COLMENAR, á poco El GcerXÜ y dos alguaciles. SeRRA en el foro 
izquierda al paño. 

Colmen. Veamos á ese hombre; si tiene parte efectivamente en 
el fuego de anoche, pagará con la vida su detestable 
crimen. — Adelante. (Entran los dichos.) 

Serra. (¿Qué es lo que veo? ¿El Guerxu preso? ¿Qué significa 
esto? ¡Felizmente estoy yo aquí!) 

Colmen. ¿Quién eres? 

Guerxu. Labrador. (Con idiotez fineida.) 

Colmen. ¿Cómo te ¡lamas? 

Guerxu. Pedro. 

Colmen. ¿El apellido? 



— 34 — 

Guerxu. Barch. 

Colmen. ¿Dónde has sido preso? 

Guerxu. Campo. 

Colmen. ¿Te e>tás burlando de mí? Responde con claridad á 

mis preguntas 
Guerxu. Bueno. 

Colmen. ¿Dónde estuviste anoche? 
Guerxu. Paseando. 
Colmen. ¿Hasta qué hora? 
Guerxu. Doce. 

Colmen. ¿A. dónde fuiste entonces? 
Guerxu. Casa. 
Colmen. ¿A dónde habitas? 

GUERXU. Enfrente. (Señalando por el balcón de la derecha ) 

Colmen. ¡Cómo! ¿vives allí? 

Serra. (¿Qué dice?) 

Guerxu. Sí. 

Colmen. ¿Eres amigo del dueño? 

Guerxu. Mucho. 

Colmen. ¿Cómo se llama? 

Serra. (¡Es perdido! [y yo también!) 

Colmen. Responde. 

ESCENA VI. 

Dichos Un Criado y Fontanellas. 

Criado. ¿Señor? 

Colmen. ¿Qué es eso? 

Criado. El capitán don José de Fontanellas pide permiso para 

veros. 
Colmen. Quépase.— Retiraos. (A ios alguaciles.) 
Criado. Este pliego han traído. 

COLMEN. Dame. (Serra aprovecha el momento en que se van los algua- 
ciles y que don Juan abre el pliego, y acercándose al Gaerxu le 
dice rápidamente el aparte desapareciendo en seguida.) 

GüERXü. (¡Ahí) (Con alegría al ver á Serra.) 

Serra. (¡Calla! Simón Roig, labrador.) (Vase.) 

GüERXU. (¡Bueno!) (Respirando con alegría.) 

COLMEN. (¡Un niño! (Después de haber leido el pliego.) ¿Cómo pue- 
de ser?.. Sin embargo, á veces los hombres se valen 
de una criatura para ejecutar un crimen. . ¡Yo averi- 



— 35 - 

guare si es verdad!.) (Levántase J sale á recibir á Fonta- 
nellas.) 

Fontan. ¡Señor Gobernador! ... 

Colmen. Llegáis á tiempo, señor de Fontanellas, para que os 
digneis admitir las mas espresivas gracias por vuestro 
noble comportamiento y arrojo y para que me ayudéis 
con vuestras luces á descubrir lo que estoy en camino 
de averiguar!... 

.Fontan. Permitid que no admita las gracias que queréis dar- 
me, sino á nombre del cumplimiento de mi deber; 
deber doblemente justo, al tratarse de la preciosa vida 
de doña Elvira; en cuanto á lo segundo, poco es lo 
que mi entendimiento alcanza, pero asi y todo estoy á 
vuestra disposición. 

Colmen. No se cómo agradecer tantos favores... Tened la bon- 
dad de sentaros, y me ayudareis á interrogar á ese 
imbécil, cuyo cerebro parece que no puede combinar 
dos frases seguidas. 

FONTAN. Estova vuestras Órdenes. (Se sienta alotroladodelamesa.) 

COLMEN. Acércate. (Al Guerxu que se hn quedado junto al foro.) ¿Te 

habia preguntado cómo se llamaba el dueño de aque- 
lla casa? 

Guerxu. Sí. 

Colmen. ¿Y bien? 

Güerxü. Simón. 

Colmen. ¿Apellido? 

GOERXU. Roig. (Respirando con fuerza.) 

Colmen. ¿De oficio? 

Guerxu. Labrador. 

Colmen. ¿Dónde te hallabas anoche cuando se prendió fuego á 
este palacio? ¿porque tú sabrás que ha sido presa de 
las llamas? 

GüERXD. Sí. (Con alegría disimulada.) 

Colmen. ¿A. dónde te encontrabas? 

Guerxu. Playa. 

Colmen. Seguidle interrogando, caballero Fontanellas. ¡Hola! 

(Subiendo al fondo: sale el criado al cual da Colmenar una 

orden.) 
Fontan. ¿Cuándo has sido preso? 
Guerxu. Hoy. 
Fontan. ¿\ qué hora? 
Guerxu. Cualro. 



— 36 — 

Fontan. Cuando anoche oíste las campanas tocar á fuego, ¿vi- 
niste á este palacio? 
Guerxü. Sí. 
Fontan. ¿A. prestar tu ayuda para apagarlo? (Guerxü no conteatn 

y se encoge de hombros.) Responde. 
GUERXU. Sí. (De modo que se conozca lo contrario.) 

Fontan. Tus palabras envuelven ó una doble intención ó una 

imbecilidad estremada. ¿Porqué has sido preso? 
GüERXU. (Le mira fijamente y se encoge de hombros.) 
Fontan. Imposible sacarle dos palabras. 

ESCENA VIL 

Dichos, SERRA, á poco El CRIADO y luego El NlÑO, á quien traen dos 
alguaciles. 



Colmen 
Guerxü 
Serra. 



Colmen 

Serra. 

Colmen 



Serra. 



Colmen 

Serra. 

Fontan. 

Colmen 



Venid; decidme, ¿quién es ese hombre? 

¡Simón! (Fingiendo sorpresa al verle.) 

Pedro Barch, señor, un infeliz idiota á quien yo tenia 
recogido por caridad, y á quien no había vuelto á ver 
desde anoche á las doce. 
¿Y tú respondes de su persona? 
Con mi cabeza. ¿Pero cómo es que se halla aquí? 
Por sospechas : el jefe de las rondas de noche dice 
haberle visto vagando por las cercanías de este pala- 
cio, y aun asegura que á la misma hora que el incen- 
dio estaba en su mayor fuerza, se hallaba recostado en 
la esquina de esta calle sin querer tomar parte para 
apagarlo como todos los demás. 
Eso se comprende desde luego ; el pobre no tiene 
fuerza ninguna y no hubiera servido de nada en aque- 
lla ocasión; en cuanto á que rondaba la calle, tam- 
poco es estráño, porque vive en frente de este palacio 
en mi compañía. En fin, señor, creo que yo trabajé por 
los dos y espero que le será perdonada su poca acti- 
vidad, en consideración á su falta de juicio. 
Está perdonado; solamente deseo que me diga si co- 
noce á una persona que le mostraré. 
(¡Otro careo! ¡malo!) 
¿Quién es? 

Vais á verla ¡Hola! (Aparece el criado.) 
Que pase. (Vase el criado.) 



— 37 — 

Serra. (¿Quién será? ¡Serenidad!) 

Colmen. (Si se turban, ellos tienen parte en el crimen de esta 
noche.) Ya se acerca. Vuélvete de espalda, (ai Guerau.j 

(Entra el niño. Serra no puede contener una ligera esclamacion 
que pasa desapercibida, porque al momento se repone y mues- 
tra serenidad.) 

Serra. (¡Ahí) 

COLMEN. MÍra.(Gueixu se vuelve y al ver al niño queda inmóvil: el ni- 
ño permanece impasible y se vuelve hacia Colmenar y Fonlu- 
nellas.) 

Güerxu. (¡Dios!) 

Colmen. ¿Le conoces? (j No se turban 1) 

Serra. (¡Cielos, dadle serenidad!) 

GUERXU. No. (Con firmeza.) 

Colmen. ¿Y tú? (A Serra.) 

Serra. Tampoco. 

Colmen. Bien... (¿Serán inocentes?) (A Fontan-eiias.) 

Fontan. (Así lo creo.) 

SERRA. ( Al Guerxu-rápidamente y separándose en el acto. ) ( ¿ Quiéll 

ha pegado fuego al palacio?...) 

GüERXU. ¡Yo! (Con fiera complacencia.) 

Colmen. ¿Quién eres? ¿es verdad lo que me dicen en este aviso 

(Al niño indicándole el segundo que ha leido.) que tú has te- 
nido parte en el incendio de esta noche? 

Niño. No, pero puedo haceros saber quiénes han sido sus 
autores. 

Colmen. ¿Cómo? 

Fontan. ¿De veras? 

Niño. Sí señores; yo sé dónde se ocultan, pues los encontré 
en el camino de Badalona y oí su conversación tendi- 
do junto á un arroyo, á donde se pararon á beber 
agua. 

Colmen. ¿Y qué dijeron? 

Niño. Que quedaba el palacio ardiendo y que su venganza 
no sería esa sola; que otros muchos sufrirían la mis- 
ma suerte; esto me dio á conocer que ellos eran los 
incendiarios, y no sabiendo cómo hacer para presen- 
tarme á Vuecencia, busqué al jefe délas rondas y le 
dije que yo habia tenido parte en el incendio. De esta 
manera he conseguido mi intento, que era veros, y 
participaros que dentro de tres dias se reunirán los 
criminales en número de siete, en Ripoll, en la casa 



- 38 - 

de un narro llamado Bautista de Valldepons. 

Colmen. [Ah, infames! ¡no en vano me figuraba que á ellos de- 
bía la desgracia que anoche sucedió!... 

Fontan. ¿Y no pudiste sabdr los nombres de ninguno de ellos? 

Niño. Sí señor; el uno era el Fadrí de Sau. 

Los dos. ¡Fadrí! 

Niño. Los otros no sé cómo se llaman, porque en el corto 
momento que yo les escuché, no nombraron á ninguno 
mas. 

Colmen. ¡Fadrí de Sau! ¡el jefe mas temible de los narros! ¿el 
que durante ocho años ha permanecido fuera de Es- 
paña ó escondido en lugar impenetrable? 

Niño. El mismo, Señor. 

Colmen. ¡Ah! pronto caerá en mis manos. Señor de Fontane- 
llas, disponed un escogido tercio de caballos y peones 
que estén prontos á salir de Barcelona esta misma 
tarde. 

Fontan. Seréis obedecido. 

Colmen. En cuanto á esta gente... ¿Simón? (Llamándole.) 

Serra. ¿Señor?... 

Colmen. Condúcelos á otra habitación y teñios en seguridad 
hasta mi regreso; quiero volver á interrogarles. 

Serra. Muy bien, Señor. 

Colmen. Tened la bondad de acompañarme, Señor de Fontane- 
llas; dispondremos lo necesario para mi objeto y pa - 
saremos á ver á mi hija, si así os parece. 

Fontan. No es otro mi deseo. 

Colmen. (A Serra.) Ahí fuera tienes alguaciles á quien voy á dar 
orden de que te obedezcan y te presten ayuda, si la 
necesitas. En tí confio. 

Serra. Trataré de corresponder á ese favor. 

COLMEN. Vamos. (Vase con Fontanellas por el foro déla izquierda.) 

ESCENA VIII. 

Serra, el Niño, el Güerxü. 

Serra. ¡Ah! ¡respira, corazón! 

GUERXÜ. (Después de mirar por el foro.) Marcharon. 

Serra. (Al niño.) ¿Señor, cómo os habéis atrevido á meteros 

en la misma jaula del tigre? ¿Quién os ha aconsejado? 

Niño. ¿Quién? mi mismo corazón. He venido á Barcelona 



— 39 — 

desoyendo los ruegos de mi querida madre que me 
espera en compañía de Fadrí en lugar seguro, con el 
objeto de dejar á Colmenar mi declaración de guerra 
dentro de su mismo palacio y que sepa que soy yo, el 
hijo de Serrallonga, el que se la ha traído y el que ha 
estado ante sus ojos, 

Serra. Pero eso era muy aventurado. Pudiera compromete- 
ros la mas leve circunstancia y echar por tierra todo 
nuestro plan. 

Niño. No; ei corazón me gritaba que mi objeto se veria cum- 
plido. Aquí está; (Saca un pliego, lo abre, saca un puñal- 
atraviesa con él el pliego y luego lo clava en la mesa.) SÍ él 

vuelve, como ha dicho, á esta sala, será lo primero 
con que sus ojos tropiecen. Vea en este papel una 
imagen de cómo ha de estar su vil corazón cuan- 
do caiga entre mis manos. 

Serra. Marchemos, Señor; tengo un pensamiento, que es el 
queme ha traído á esta casa, y necesito comunicá- 
roslo. 

Niño. En verdad que mucho me ha eslrañado el verle aquí 
• y la confianza que inspiras á Colmenar. (Con recelo.) 

GrJERXü. También... (Con desconfianza.) 

Serra. ¿Sospecháis de mí acaso? (Con amargura.) 

Niño. No, nunca; pero aunque venia dispuesto á no sorpren- 
derme por nada, al verte por poco pierdo la serenidad. 

Serra. Mi presencia aquí y el favor con que me tratan, es 
consecuencia de un plan perfectamente combinado. 
Pero no me es posible esplicarme en este sitio. Todo 
os lo contaré esta tarde en el camino. 

Niño. ¿Cómo? ¿nos vamos? 

Serra. Al momento: necesito seis hombres. Guerxu, búsca- 
melos y que dentro de un cuarto de hora estén á la es- 
palda de este palacio; sin andar cien pasos los encon- 
trarás; dilesque trabajas contra los cadells y... 

GüERXü. Basta. (Ya á marchar.) 

Serra. Espera; es preciso que yo te acompañe para que sal- 
gas sin tropiezo. Señor, esperadme en mi casa, que 
pronto me reuniré con vos. 

Niño. Pero, ¿no podré saber?... 

Serra. Es imposible, los momentos son preciosos. Siento rui- 
do; es Colmenar; esperadme en esa antesala, pronto, 
pronto. (Vanse los dos por el foro de la derecha ) 



40 



ESCENA IX. 

Serra, Colmenar y Fontanellas. 

Colmen. ¿Y esa gente? 

Serra. En seguridad esperando vuestras órdenes. 

Colmen. Bueno: avisa que dispongan la litera para mi hija, que 
vaá bajar en este instante, y que la conduzcan al pa- 
lacio del Virey. 

Serra. (¡Ahí!...) Seréis obedecido. (;Mi plan triunfa!) (pésá'par 

rece rápidamente por el foro de la derecha.) 

ESCENA X. 
Colmenar y Fontanellas. 



FONTAN. 



Colmen, Con que, Señor de Fontanellas, habladme con la fran- 
queza que deseo y de que os he dado ejemplo, en la 
confianza de que estando en deuda con vos, quisiera 
pagárosla con creces, si es posible; pronto estoy áes- 
cucharos. 

¡Ahí ¡Señorl esas amistosas palabras me impelen mas 
y mas á esponeros mi petición. Escasos son mis me- 
recimientos para atreverme á implorar un favor tan 
poderoso de vuestra bondad, pero en Ja situación pre- 
sente, mi honor me impone el deber de declararos un 
secreto. 
Hablad. 

Tenéis una joya que en vano se tratariade buscar otra 
de mayor precio; una hija digna de sentarse bajo un 
solio; un ángel que Dios envió á este mundo para ha- 
cer la dicha de cuantos la rodean. Pues bien, Señor, 
yo, indigno de merecer tan rico tesoro de gracias y 
de virtud, he osado poner mis ojos en él, y tengo el 
placer de verme correspondido. 
¿Qué decís? 

Noble soy; de mi fortuna no hablo, pues además que 
sé la conocéis, no es lo que solicito alhaja que se com- 
pra con dinero, ni es este un trato de mercaderes. 
Es verdad. 
Perdonadme ahora si mi lenguaje ha sido demasiado 



Colmen 

FONTAN. 



Colmen 
Fontan 



Colmen 

Fontan. 



— 41 — 



Colmen. 



FONTAN. 

Colmen. 

Fontan. 

Colmen 



Fontan. 
Colmen. 
Fontan. 



Colmen, 
Fontan. 
Colmen 



ligero: el amor en que me abraso impide á mi lengua 
ser mas retórica y os he hablado con la franqueza pro- 
pia de un soldado: de vuestros labios pende mi dicha; 
en vuestras manos está mi felicidad; podéis darme la 
muerte ó la vida. ¿Qué me respondéis? 
Señor de Fontanellas, mucho me honra esa petición; 
pero debéis comprender que como padre sea orgulloso 
y trate de averiguar si ese amor es verdadero y cor- 
respondido. 
Lo és, señor, lo juro. 

Bien; vos lo decís y no dudo de vuestras palabras, pe- 
ro me dejareis consultar á mi hija y si ella admite,.. 
¿Me la daréis? 

Siempre que como regalo de boda la presentéis la ca- 
beza de uno de esos miserables jefes de bandidos que 
infestan el país. 
¿De cuál, señor? 
Del Fadrí de Sau ó del Tút. 

Yo los buscaré y juro no descansar hasta poder ha- 
cerme dueño de su adorada mano.— Si me lo permitís, 
voy á... 

Esperad. (Que dirige la vista a la mesa y vé el puñal.) 

¿Qué quiere decir eso? 

Veamos. (Arrancando el papel del puñal y leyendo.) «Imbé- 
cil Colmenar; el niño que ha estado en tu casa es el 
hijo de don Juan de Serrallonga, muerto por tí y los 
tuyos en un cadalso hace diez años, sin mas delito que 
el haber combatido contra los cadells que pretendían 
tiranizar al pueblo; el padre principió la obra de es- 
terminio coutra Jos malvados; el hijo la continuará y 
te escoge por su primera víctima; guárdate, don Juan, 
guárdate.»— iPoderde Dios! (Rugiendo de ira.) ha estado 
en mi casa... y le he dejado escapar... Pero, no, Simón 
le tiene en lugar seguro, y. . . ¿Simón, Simón? (Llamando.) 



ESCENA XI. 
Dichos, y Lucía 



Lucía. ¿Qué mandáis, señor? 

Colmen. Que venga Simón; en esa antesala debe estar. 

Lucía. ¿Es el hombre que vino esta mañana? 



— 42 — 

Colmen. Sí, él mismo. 

Lucía. Hará un cuarto de hora que le vi salir de casa acom- 
pañado de otro hombre y un niño. 
Colmen [Rayo de Dios! ¡estaba en connivencia con ellos! ¡he 

Sido burlado! [Hola! (Subiendo hacia el fondo y con ira.) 

Lucía. Señor, ¿qué queréis? 

Colmen. Que entren todos los alguaciles que hay ahí fuera. 

Lucía. No hay niuguno, señor. 

Colmen. ¿Cómo? 

Lucía. Ese mismo hombre les hizo marchar á todos con di- 
ferentes encargos. 

Colmen. ¡Maldición! han tomado bien sus medidas, pero no se 
escaparán, lo juro. Señor de Fontanelas, tomad vein- 
te, treinta, cien caballos y que den una batida por los 
alrededores; que salgan somatenes, que.... 

ESCENA XII. 

Dichos y TRISTAN, corriendo. 

Toda esta escena ha de ir rápidamente y creciendo hasta el final. 

Tristan. ¡Señor, señor! 

Colmen. ¿Qué es eso? 

Fontan. i Tristan 1 

Tristan. ¡Ahí ¡el señor gobernador!.. ... 

Fontan. ¿Qué ocurre? 

Tristan. Ocurre... que... yo no sé cómo deciros... 

Colmen. ¿Han sido ya detenidos?... 

Tristan. ¿Detenidos?... ¡Cá! si corren como alma que se lleva 

el demonio... 
Fontan. ¿Quién corre? 
Tristan. Ellos... con ella. 
Colmen. ¿Quién son ellos? 
Fontan. ¿Quién es ella? 
Tristan. Ellos... son... unos desconocidos... que nadie conoce; 

ella es 

Los dos. ¿Quién, quién? 

Tristan. )La señorita doña Elvira!... 

Fontan. ¡Cielos! (Aterrado.) 

Colmen. ¡Qué! 

Tristan. Que la han robado. 



— 43 — 

Todos. ¡Robado! 

Tristan. Sin duda ninguna. 

Los DOS. ¿Pero quién, quién?... (Con ansiedad.) 

Tristan. Si no se sabe; llevábanla en la litera al palacio del se- 
ñor Virey, cuando al volver una esquina, seis hom- 
bres desconocidos se arrojaron sobre los que la condu- 
cían, impidiéndoles dar un paso; otros dos abrieron la 
portezuela, sacaron á doña Elvira y la condujeron en 
sus brazos desmayada hasta la esquina, adonde espe- 
raba un hombre y un niño con diez caballos que al re- 
cibir sus ginetes partieron como un rayo en dirección 
de Badalona. 

Colmen. ¡Ellos son! sí; ¡ellos, los que me la han robado! ¡Ven- 
ganza! (Frenético.) 

Fontan Sí, ¡venganza! ¡Yo los alcanzaré y sabré, arrancán- 
doles su presa, darles merecida muerte! 

Colmen. Sí, salid con vuestra compañía; yo también os sigo; va- 
mos por ella. Si osan tocar al mas leve de sus cabe- 
llos, juro por mi alma no descansar hasta ver dego- 
llados ante mi vista á sus infames raptores. 

Fontan. Tristan, mi caballo, 

Tristan. Corriendo. (Tase.] 

Colmen, (a Lucía.) Manda que ensillen el mas veloz de los mios. 
— Fontanellas, su mano por su honra. (Con fuego.) 

Fontan. Señor, mi vida por la suya. 



FIN DEL ACTO SEGUNDO. 



— 45 



ACTO TERCERO, 



Terrado de la casa de D. Juan de Serrallonga: gran balaustrada al fo- 
ro por detrás de la cual se vé á gran distancia la montaña practica- 
ble; el centro de esta balaustrada abierto y con una escalera que 
baja al foso; ventana en la derecha y puerta en la izquierda en pri- 
mer término. Muebles de la época de mediano lujo; un cuadro de la 
Virgen en la pared de la izquierda y delante colgada y encendida 
una lámpara. 



ESCENA PRIMERA. 

El FADRÍ DE Saü, DOÑA JüANA [vestida de montañesa como en la prime- 
ra parte.) Por la cima de la montaña se vé de cuando en cuando un 
centinela montañés. 



Juana. Fadrí, las horas pasan y mi hijo no vuelve de Barce- 
lona. ¿Si le habrá sucedido alguna desgracia? A pesar 
de mis ruegos se empeñó en abandonarnos, aunque 
quiso tranquilizarme respecto á su seguridad, dicién- 
dome que no cometería ninguna imprudencia. 

Fadrí. Nada temáis, Señora ; el corazón me anuncia que ha 
salido con bien de. su empresa y que Dios no le ha 
abandonado. 

Juana. Tiene una voluntad de hierro; en vano interpuse mis 
ruegos; de nada sirvieron; es tan valiente como sa des- 
graciado padre. 

Fadrí. Es verdad; al verle marchar delan te de nosotros, me 
figuraba ver á mi antiguo capitán; su frente despeja- 
da, su mirada serena, sus ojos grandes y hermosos 



- 46 - 

que lanzan rayos de venganza á las mas pequeña fra- 
se que le hace recordar la muerte de don Juan ; todo 
en él dá á conocer el genio indomable y porte caballe- 
roso de que estaba dotado el que le dio el ser; todo en 
el deja conocer que dará dias de gloria á su patria, 
defendiendo al heroico partido de los narros, al pue- 
blo vejado por esos infames prevaricadores de la jus- 
ticia, por esos detentares de los mas sagrados dere- 
chos, por esos infames cadells. 

Juana. Fadrí, tus frases elocuentes hallan eco en mi corazón, 
y al mismo tiempo que me engrien por lo que respec- 
ta á mi querido hijo, hacen latir las fibras de mi pe- 
cho en justa venganza contra los opresores de mi 
país. Pero ¡ay! ¿quién sabe si á estas horas les deberé 
otra desgacia irreparable? ¿Quién sabe si mi hijo llo- 
ra lejos de su madre la imprudencia que le he dejado 
cometer? ¿Quién sabe si estará en el fondo de una 
prisión pagando su temeridad? 

Fadrí. No, imposible. 

Juana. Las horas pasan, Fadrí, y mi hijo no vuelve; las ho- 
ras pasan y cada una me arrebata la esperanza de vol- 
ver á verle. 

Fadrí. Valor , señora. ( ¡ Valor la digo y tengo menos que 
ella!...) ¡Confianza! Voy á salir al camino á ver si des- 
cubro alguna cosa; en cuanto los vea aparecer por la 
vereda que aquí conduce, mi seña os avisará que no 
hay peligro... . 

Juana. Sí, mi buen Fadrí, corre y Dios haga que puedas vol- 
verme la tranquilidad. Vé, que espero tu señal con im 
paciencia. 

Fadrí. Pronto cesará, señora, os lo aseguro. (Bajando por la es- 
calera Sel foro.1 

ESCENA II 

DOÑA JüANA sola. (Después de una pausa, recorre la escena con la vis-> 
ta, vá á la balaustrada del foro, mira al camino con los ojos baña- 
dos en lágrimas, baja con desaliento, y se arrodilla ante el cuadro de 
la Virgen.) 



¡Oh Santa Virgen María! 
¡guia de mi corazón! 



- 47 — 

¡mira mi cruda agonía! 

Concédele grata y pía 

tu soberano perdón. 

Salva á mi hijo querido; 

hazlo ¡oh Madre! porlafé 

con que siempre te he servido; 

por compasión te lo pido 

y cual nunca te amare. 

Si un momento loco y ciego 

tu bondad desconoció, 

escucha mi ardiente ruego; 

por el llanto en que me anego 

no le desampares, no. 

[Madre del Verbo divino! 

¡estrella del Salvador! 

muéstrame, pues, el camino j 

en que salve yo con tino 

á la prenda de mi amor. 

Sé que mi ruego prolijo 

siempre acoges con piedad; 

no abandones á mi hijo; 

yo en Tí mi esperanza fijo 

porque es grande tu bondad. 

Por el amor que tuviste 

al que murió en una cruz; 

por el dolor que seutiste 

cuando Tú sus ojos viste 

faltos de vida y de luz; 

por los agudos dolores 

que su muerte te causó, 

no deseches mis clamores; 

concédele tus favores 

á quien siempre te adoró. 

¡Oh Santa Virgen Maria! 

¡Madre de consolación! 

ten piedad de mi agonia: 

devuélvele la alegría 

á mi amante corazón. 

(Queda po.slrada. Pausa; se oye un prolongado silbido lejano. 

Doña Juana se alza rápidamente y se asoma al foro.) 

¡Cielos! ¿se engaña la mente 
en ilusoria esperanza? 



— 48 — 

Volemos... (Con desalíenlo. - \\\\1 nadie avanza 

por la vereda ni el puente. 

Ni una sombra en lontananza 

se divisa... (Pausa) jQué agonía] 

¿Qué ilusión de mi deseo?... 

jNo, no, no!... ¡me moriría!... 

(Segundo silbido mas cerca.) 

¡A.h! ¡ellos son! Sí, ¡ya los veo! 

(Daungrilo con un arranque del corazón y vuelve á caer á los 
pies de la Virgen, alzando las manos hacia ella con la mayor le 
demostrando su gozo.) 
¡Oh! gracias, ¡Virgen María! (Con espansion.) 

ESCENA III. 
Doña Juana, el Niño, Serra y Fadrí. 



Niño. ¡Madre! ¡Madre! (Dentro.) 

JüANA. ¡Hijo del alma! (Levantándose y corriendo á recibirle 
NIÑO. ¡Madre! (Saliendo y echándose en sus brazos.) 
Fadrí. Ahí está sano y bueno. 

Juana. ¡Que yo te estreche en mi seno!.... (Besándole.) 

¡Mi amor!... 
Serra . I Recobrad la cal ma! 

Juana. ¿Cómo tanto te has tardado, 

sabiendo, hijo de mi vida, 

que está mi dicha perdida 

no teniéndote á mi lado? 
Niño. Porque, aunque mucho le asombre, 

me impuse un grave deber, 

(Con fuerza.) y cumplirlo ó fenecer 

debe un juramento el hombre. 
Serra. Y dice bien mi Señor, 

que en el lance terminado 

por cierto que ha demostrado 

inteligencia y valor. 
Juana. Vuestro lenguaje, por Dios, 

que en gran cuidado me tiene. 
Serra. Pues la ruego se serene 

cuando aquí nos vé á los dos. 
Juana. Mas ¿qué ha sido? 
Serra. Nada, nada; 



- 49 - 



Fadrí. 
Juana. 

Fadrí. 



Niño. 



luego despacio podremos 
enterarla; ya diremos 
lo hecho en aquesta jornada. 
No por cierto. 

Hablad. 

Ansioso 
estoy de oir al contado 
ese lance que ha acabado 
con término tan dichoso. 
Pues bien; que vi á Colmenar, 
que hablé con él en palacio, 
y que sin tregua ni espacio 
mi objeto supe lograr. 
Que le declaré la guerra, 
dejando mi credencial 
pasada por un puñal 
á ese aborto de la tierra. 
Que en su mesa lo clavé 
para que allí lo encontrara, 
y al leerlo, se enterara 
que de su ira me burlé. 
Que habia hecho el juramento 
de ver cumplida mi idea; (Con fuego, 
que no hay ninguno que crea 
que retrocedí en mi intento. 
Y que juro por mi honor 
que empezada Ja partida 
seguiré, hasta que con vida 
no quede un cadell traidor. 



Fadrí y 

Serra. 

Juana. 



Fadrí. 



Juana. 
Fadrí. 



Bien, don Juan. 



Bien, hijo mío: 
aplaudo tu pensamiento 
y tu ardor y tu talento 
y tu pujanza y tu brio. 
Un niño no es quien así (Con ardor.) 
en ardimiento nos gana: 
es un héroe, doña Juana, 
(Abrazándole., á quien adoro. 

Fadrí...! 
No en balde os decia yo 
hace poco: «confianza;» 



50 — 





mi bien fundada esperanza 




mirad cual se realizó. 


Juana. 


Ahora bien, hijo del alma, 




vendrás del viaje cansado. 


Niño. 


Madre, no estoy fatigado. 


Juana. 


Entra á gozar de la calma 




que necesita tu pecho, 




mientras tu madre afanosa 




te guarda el sueño amorosa 




orando junto á tu lecho. 


Niño. 


No, madre... 


Serra. 


Sí, descansad, 




mas vos, señora, quedaos. 


Niño. 


(Insistiendo.) Es inútil... 


Sbrra. 


Recostaos 




en el lecho y descuidad.— 




Si algo ocurre, os llamaré. — 


Niño. 


Pero, Serra... 


Juana. 


Vé, hijo mió. 




Pronto iré á tu lado. 


Niño. 


Fio 




en ello. (Entrando por la izquierda.) 


Juana. 


Fia, que iré. 



ESCENA IV. 

Doña Juana, Serra y Fadrí. 

Juana. ¿Qué sucede, Serra? 

Serra. Señora, tengo en mi poder á la hija de don Juan de 
Colmenar. 

JUANA. ¿Cómo? (Con sorpresa ) 

FADRÍ. ¿Qué dices? (Con alegría.) 

Serra. Lo que oís. Se la he robado. 

Juana. ¿Y con qué objeto? 

Serra. Con el de hacerle venir al corazón de las Guillerías. 
Por ninguna otra causa hubiera salido de Barcelona, 
y era preciso vernos cara á cara, pero en el campo, 
no en su palacio cercado de sus mil espías, sino en- 
tre sus sollados, entre esos mismos cadells que nos 
oprimen para poderlos combatir cuerpo á cuerpo, vi- 
da á vida y no ciento contra uno; en sus ciudades no 



- 51 - 

combaten, asesinan; en el campo seremos mas nobles 
que ellos; les presentaremos nuestros pechos y Dios 
dirigirá el plomo de los que lidian por la buena 
causa. 

Juana. Pero, Serra, ella es inocente. 

Serra. Lo sé, señora, y por lo mismo nadie se atreverá á 
faltarla en lo mas mínimo; pero vjuiero que ella sea 
la que haga venir á Colmenar á Caróz ; quiero que 
venga para recordarle una deuda antigua; una deuda 
sagrada que he de cobrar. (Exaltándose.; Si, ¡vive Dios! 
la cobraré; me la reclaman desde el cielo y quedará 
saldada. 

Fadrí. Cálmale; todos tenemos motivos para aborrecer á ese 
bando insolente. 

Serra. Sí, pero no como yo; un noble cruzó la cara de tu 
madre á latigazos y tú la vengaste matándole, lo 
mismo que al que engañó, robó y abandonó en me- 
dio de un camino á tu pobre hermana; pero yo no ne 
vengado á la infeliz que desde el cielo me pide jus- 
ticia. 

Juana. ¿A. quién? 

Serra. ¿A. quién decís? A la mitad de mi alma; á mi Teresa, 
(Conmovido y vá enfureciéndose gradualmente. | á ni i espo- 
sa; á la que me iba á hacer el mas venturoso de los 
hombres, cuando ese infame Colmenar me sepultó en 
un hediondo calabozo. Yo vivia tranquilo y feliz ccn 
mi mujer, dedicado á mi trabajo; su amor y la 
amistad de don Juan de Serrallonga eran mis únicos 
afectos en el mundo; un dia Colmenar vio á mi Teresa 
y sus ojos se fijaron en ella con las mas impuras in- 
tenciones; al poco tiempo me vi envuelto en la causa 
que mató á vuestro esposo, preso y aherrojado; mi po- 
bre mujer quedó sola y... ¡Oh Dios mió!... ese infame, 
ese vil no pudiendo lograr sus inicuos deseos. . la 
asesinó... la malo con sus propias manos y mató al 
mismo tiempo al hijo que'albergaba en su seno...l— 
¿Y me dices que me calme? Cuando tenga en mis 
manos su infame corazón y lo deshaga entre mis de- 
dos hasta verlo reducido á polvo. 

Fadiií. ¿Y todavía vive ese hombre? 

Serra. Sí, vive; muchas veces le hubiera podido asesinar por 
sorpresa, pero no es eso lo que yo quiero; también 



rv? _ 



pudiera haberlo hecho ayer cuando estuve en su ca- 
sa, pero había concebido una idea y quise mejor dar 
ocasión á mis compañeros para batir á los cadells, al 
mismo tiempo que hacia venir á (Ion Juan en busca 
de su hija; ahora se encamina hacia este pueblo; pron- 
to le veré y entonces... (Con furia.) 

JüANA. ¡Serra! (Conteniéndole.) 

Serra. Perdonad, señora; mucho tiempo hacia mi corazón era 
sordo á toda clase de afecciones; hoy empieza á res- 
pirar con tranquilidad, pensando que ha de llenar su 
deber. 

Juana. ¿Pero esa joven que dices traes contigo, dónde está? 

Serra. Aquí. Quiero ponerla bajo vuestra protección, porque 
si alguna de las víctimas de Colmenar tiene en estas 
montañas padres y hermanos y saben que está aquí su 
hija, la harían pagar los crímenes de su padre. A 
vuestro lado nadie se atreverá á ofenderla. 

Juana. Gracias, Serra; tienes un noble corazón; acepto el de- 
pósito que me confias , tanto mas satisfecha cuanto 
que podré calmar su agitación y darle alguna espe- 
ranza. 

Serra. Haced lo que gustéis, Señora, pero que no se separe 
de vos hasta que Colmenar pise estas montañas. Le 
he escrito que le espero en Caróz y debe llegar pronto. 

Fadrí. ¿Cuándo? 

Serra. Puede que dentro de algunas horas. 

Fadrí. Voy á prevenir á nuestros compañeros. 

Serra. El Guerxu lo habrá hecho ya; sin embargo, vé y dis- 
pon la gente como mejor te parezca para evitar una 
sorpresa mientras yo hago subir á esa señorita. El 
paso del desfiladero es mío; pero cuando lo haya pasa- 
do Colmenar; hasta entonces... 

Fadrí. Le guardaré yo. No ha de pasar la vereda un solo ca- 
dell que no pague con la vida su temeridad. 

Juana. ¿Y mi hijo? 

Fadrí. Dejadle dormir tranquilo; cuando llegue la hora del 
peligro, ¡se le avisará!... 

Serra. Ya sabe el plan de ataque y él os dirá cuál es vuestro 
puesto. -Adiós, Señora: voy á cumplir las órdenes 
que me ha dado en el camino con respecto á nuestra 
gente. 

JüANA. Ad'lOS, amigos. (Vanse los dos escalera foso.) 



— 53 — 

ESCENA V. 

Doña Juana. 

¡Infeliz Serra! su alma 

padece el mismo tormento 

que lacerando la mia 

hace que está tanto tiempo. 

Cual yó, al dolor que le abate 

la venganza dá alimento 

y creo que esta pasión 

le presta alivio y sosiego. 

[Sombras de nuestros esposos (Con solemnidad.) 

que abandonando los féretros 

alentáis nuestras pasiones 

cruzando el espacio hueco; 

dadnos valor á los dos 

para llegar pronto al término 

dó se acaban los rencores 

y de ira los sentimientos, 

y paz y tranquilidad 

infundid en nuestros pechos! t 

ESCENA VI. 

Doña Juana, Elvira, el Güerxu. 

Güerxu. Entrad. ;a Elvira.) 

Elvira. .Cayendo á sus pies de rodillas.) Señora, ¡amparadme! 

No seáis sorda á mi ruego; 

¡amparadmede esos hombres 

que con semblante severo 

de mis dolores se burlan 

y desoyen mis lamentos! 
Juana. Joven, recobrad la calma, (Levantándola.) 

que nadie aqui hade ofenderos. 

(AlGuerxu.) ¿Hay novedad? 
Güerxu. No. 

Juana. Está bien. 

Si algo ocurre, avisa. 
Güerxu. Bueno. 



— 54 — 

Juana. Y espérame con dos hombres 

junto á esa escalera. 
Guerxü. ¿Luego? 

Juana Sí. 
Goerxo. Bien. 
Joana. Pues márchate ahora. 

GüERXU. Voy. (Vase por el foso.) 



ESCENA VIL 

Doña Juana, Elvira. 

Joana. Con semblante sereno 

podéis esperar las horas 
que á mi lado os tenga el cielo. 

Elvira. Gracias, señora; ¿mas cómo 
en este sitio me encuentro? 
¿Por qué me han arrebatado, 
sin atender á mis ruegos, 
de los brazos de mi padre 
á quien con el alma quiero 
y que estará con mi ausencia 
sumido en amargo duelo? 

Juana. Perdonad que no os conteste 
porque es de otro ese secreto. 
Solo os puedo asegurar 
que no estaréis mucho tiempo 
en este lugar y pronto 
podréis tranquila volveros 
á Barcelona segura, 
desechando todo miedo. 

Elvira. Vuestras palabras, señora, 
tranquilizando mi pecho, 
me infunden una esperanza 
que ver cumplida deseo. 
Mas un favor permitidme 
que os pida. 

Juana. Decid. 

Elvira. Espero 

que no me abandonareis 
hasta que llegue el momento 
en que volver á mi casa 



— oo — 

se me permita: yo creo 
que tenéis un corazón 
misericordioso, tierno, 
y que la triste desgracia 
siempre en él hallará eco. 
No me entreguéis á esos hombre; 
que me hacen temblar de miedo. 
Jüap-a. Desterradle de vuestra alma. 
No alberguéis tal sentimiento. 
Esos hombres son honrados 
y bondadosos, creedlo. 
¿Pensáis que porque no visten 
brocados ni terciopelos, 
porque al hablar no se espresan 
con magníficos conceptos, 
porque sus rostros curtidos 
en trabajos muy violentos 
no se parecen en nada 
á los de esos caballeros 
con quien tratáis de continuo 
son infames?... No, no es eso: 
bajo esos trajes rasgados 
por los picos de los cerros; 
bajo esas mantas rayadas 
laten corazones bellos; 
en esos rudos semblantes 
si se definen, sabedlo, 
tan solo se halla virtud, 
amargura y sufrimiento: 
en esas manos callosas 
que estropeó el duro hierro, 
está de riqueza el foco; 
ellas nos dan el sustento; 
ellas trabajan los campos, 
ellas guardan nuestro sueño; 
en esos hombres se halla 
cordura, juicio, talento; 
esos hombres solo cumplen 
del Dios justólos preceptos; 
para el bien todos hermanos; 
el mal no se encuentra en ellos, 
y lo mismo en las montañas 



— 56 — 

que en las ciudades y pueblos, 

los pobres son virtuosos, 

caritativos y buenos. 
Elvira. Perdonad si mi lenguaje 

en algo pudo ofenderlos; (Con miedo.) 

no los conozco ni he estado 

nunca en contacto con ellos; 

los han juzgado mis ojos, 

ó mejor dicho mi miedo... 
Juana. ¿Cuál es vuestro nombre? 
Elvira. Elvira. 

Juana. Pues, Elvira, yo os prometo 

que de hoy mas no le tendréis; 

venid, seguidme al momento, 

que á un seguro os llevaré 

donde estéis al gusto vuestro 

mejor que aquí. 
Elvira. Bien está; 

pero decidme, ¿á quién debo 

tanta bondad? Vuestro nombre... 
Juana. Para vos es un secreto 

por hoy; mañana quizás 

os le diré 
Elvira Me contento; 

vamos donde vos gustáis. 
Juana. Venid, Elvira, bajemos. (Bajan por el fondo.) 

ESCENA VIII 
El Niño, á poco Fadsí. 

(Después de una pausa sale el niño despavorido como si despertase de una 
pesadilla.) 



¡Padre! ¡padre! no te alejes... 

¡ampárame!... ¡herido quedo! 

¡dame tu ayuda!... ¡Dios mió!... 

¡madre! ¡también vos!. . — ¿Qué es esto? 

(Pausa; se frota los ojos y reconoce el sitio, serenándose poco á 

poco.) 

¿Dónde me trajo la planta? 

¡Era víctima de un sueño!... 

¡Sí!... ¡soñaba!... ¡y fuertemente 



— 57 — 



Fadrí. 

Niño. 
Fadrí. 



Niño. 
Fadrí. 



Niño. 
Fadrí. 

Niño. 
Fadrí. 



Niño. 

Fadrí. 

Niño. 

Fadrí. 

Niño. 
Fadrí. 



Niño. 



Fadrí. 

Niño. 



me daba el alma tormento! 

{Solo estoy!... ¡nadie me ha vislo! 

me avergonzaría de ello. 

Vuelva la tranquilidad 

á aposentarse en mi pecho. 

¡Señor, señor 1... (Subiendo apresuradamente.) 

¿Qué pasa? 

El enemigo se acerca: un pelotón de ginetes se divisa 

desde esa altura que avanza con resolución trayendo 

al frente un oficial valiente y esperimentado. 

¿Quién guarda el paso del desfiladero? 

El Guerxu con una veintena de hombres decididos que 

no dejarán pasar ni un solo casco de caballo; están 

en buena posición y se defenderán con ventaja. 

¿Quién manda los hombres que cubren el puente? 

El Tút; tiene á sus ordenes los mejores mozos de las 

Guillerias. 

¿Y mi madre? 

En la cueva: ha ido á eucerrar á una joven que ha 

traído Serra para que no le suceda nada durante el 

combale. 

¡A.h! sí, ya sé la hija de don Juan de Colmenar. 

La misma, Señor. 

Lo sabia, Fadrí, lo sabia... (Se ove un silbido.) ¡La señal! 
¿Quién la ha dado? 

¡Serra! ¡Maldición! (Asomándose á la ventana derecha.) ¡Es- 
tán perdidos!- ¡Mirad, señor! 
¿Qué es eso? 

Colmenar, al frente de muchos peones ha vadeado e^ 
arroyo y va á atacar á Serra por la espalda , mientras 
la caballería le arrollará portel frente. (Se ove una des- 
carga y tiros sueltos.) ¡A.h!... ¡bien! el Guerxu se ha por- 
tado; ha puesto fuera de combate algunos hombres y 
trata de llegar al puente. 

Los peones avanzan por la izquierda, Serra es perdi- 
do. Hazle seña que va á ser envuelto. 

(Lo hace Fadrí j el niño carga.) 

No me atiende. 

Corre, reúne á seis ó siete hombres, y aunque sea por 
medio de las balas, abrios paso hasta Serra ydileque 
retroceda y vuelva á ocupar el puente: cogido este y 
el paso del desfiladero, son nuestros enteramente. 



- 58 - 

Fadrí. Pero entonces atacarán la casa. 

Niño. ¿Y bien? 

Fadrí. Seréis perdido. 

Niño. No tengas cuidado por mi; cuando sea tiempo, yo se Ja 

abandonaré. 

Fadrí. ¿Pero hasta entonces?... 

Niño. La defenderé. 

Fadrí. ¿Vos solo? 

Niño. Yo: dame ese pedreñal: tu canana; pónlo todo aquí: 

las pistolas. (Pone una mesa al ladu de la ventana y sobre 
ella lodo lo que nombra.) Ahora vete. 

Fadrí. Señor, yo no puedo abandonaros de este modo... 

NlÑO. Vete. (Con fuerza.) 

Fadrí. Permitidme quedar á vuestro lado... 

Niño. ¿Y Serra? 

Fadrí. Primero sois vos. 

Niño. Fadrí, me debes obediencia. (Con imperio.) 

Fadrí. Pero... (Dudando ) 

Niño. Tus compañeros van á perecer; ¿tienes miedo de lle- 
gar hasta ellos?... 

Fadrí. ¡Miedo yol ¡Ira de Diosl... (Furioso.) 

Niño. ¡Tu tardanza me lo pruebal 

FADRÍ. ¡Señor!... (Desesperado.) 

Niño. ¿Te niegas? Yo iré... 

Fadrí. ¡Ahí ¡no, nol... ¡Ya marcho! Dios mío, ¡protegedle! 

(Baja precipitándose por el foso.) 

ESCENA IX. 

El NlÑO. Sigue el fuego lejano. 
¡Noble corazón 1 Ruega por mí y se olvida del peligro 

que vá á Correr... ¡Se oyen tiros sueltos en la izquierda.) 

¿Qué es eso? ¿será á él?... ¿tan pronto? ¡Ah! ¡es mi 
madre! ataca á los ginetes con la partida del Guerxu: 
iré á reunirme con ella... mas imposible... Los peones 
de Colmenar se estienden por todo este lado... (Descar- 
ga dentro.) ¡Ah! Fadrí!..— Gracias, ¡Dios mió! Le veo 
saltar una zanja... Corre... se unirá á Serra... ¡ya es- 
tan Salvados! (Suena un tiro: uñábala rompe el cristal de la 

ventana derecha.) ¡Cielos! ¡y yo perdido! ¡la casa está 
cercada!., cumplamos nuestro deber... ¡Ah! Colme- 



— 59 - 

nar! (Coge el pedreñal, apunta y tira.) Bien; isoltó ia espa- 
da! ¡está herido! ¡mira hacia aquí!... - Si, yohesido, 
¡yo!... (Presentando el pecho fuera de la balaustrada. Suena 

un tiro: dá un grito: suelta la pistola y cae ) ¡Ahí ¡Je- 

sús!.. .. ¡madre mia!... 
Voz den. Arriba, ¡arriba!... 



ESCENA X. ■ 

El GUEItXÜ en la montaña foro, COLMENAR y solladoí por la escalera 
foso: á poco FONTANELLAS. 

GüERXÜ. ¡Ah! (Mesándoselos cabellos de dolor y rabia.) 

Colmen. Arriba, ¡soldados! 

G(JERXU. ¡Muerto!... (Con profundo dolor y desaparece.) 

Un sol. ¡Aquí no hay nadie, señor, mas que esté niño 
muerto!... 

COLMEN. Cara ha pagado (Con la mano derecha vendada y ensan- 
grentada.) la leve herida que me ha hecho en esta ma- 
no; la bala de mi pistola ha destrozado su pecho. ¡Mi- 
serable semilla de ladrones! Dios te destruya y (Dándole 
con el pié.) aniquile como la pólvora que encierra es- 
ta pistoial Si queda aun en tí el mas pequeño soplo 
de vida... mira bien quien te concluye, (Montándola 
pistola para descerrajarla sobre el niño.) Juan de Serra- 

llonga. 

Fontan. Señor Gobernador, (Saliendo apresuradamente.) hemos 
reconocido la parte baja de la casa y no hemos en- 
contrado anadie. 

Colmen. ¿Y mi hija? 

Fontan. No está. 

COLMEN. ¿Y t aquí?... (Entra con soldados por la izquierda y vuelve á 
salir. Fontanellas hace lo mismo por la derecha.) Tampoco! 
Se la han llevado... ¡Ira de Dios! Corred, soldados, 
corred... mil, dos mil ducados por ella.. ¡Lo que que- 
ráis, pero traedia á mis brazos!... 

Fontan. ¡Vamos! (Van á salir.) 



60 — 



ESCENA XI. 

Dichos, DOÑA JüANA, EL GüERXU y bandoleros en la montana 

JüANA. ¡Deteneos! (Con voz estentórea.) 

COLMEN. ¡Cielos!...— ¡Atrás todosl... Todos se retiran dejando la 
derecha libre para que se vea el cuerpo del niño.) 

Jüana. Asesino de mi hijo; la cólera celeste ha puesto en mis 
manos á tu Elvira; uno por otro, Colmenar; mi hijo ha 
muerto; la tuya le seguirá. ¡Ruega por ella! 

Fontan. ¡Gran Dios! 

Juana. Ruega por ella... pues antes (Con voz sombría.; de una 
hora habrá dejado de existir ¡Adiós! ¡asesino!.... 

(Desaparece por el monte con los sujos, los que hacen fuego 
á los soldados de la escena; alguno de ellos contesta: otros 
caen.) 

Colmen. ¡Soldados, apoderaos de esa mujer y matadla, si no os 
entrega á mi hija!... 

Fontan. ¡Vamos!.. ¡Ó he perder la vida ó la salvaré! Al monte, 
[compañeros! 

TODOS. ¡Al monte!... (Todos salen precipitadamente por la escalera 
del foso, quedando solamente en escena el cuerpo del niño; la 
montaña del foro se corona de pronto de bandoleros que sos- 
tienen un fuego nutrido con los soldados que empiezan á subir 
desde el foso batiéndose. Cuadro animado: loques de clarines y 
tambores. Voces de ambos partidos, etc. etc. Cae el telón rápi- 
damente.) 



FIN DEL ACTO TERCERO. 



- SI — 



ACTO CUARTO. 



Las Guillerías. Lugar agreste y lleno de malezas; en el fondo una mon • 
taña practicable que después de atravesar la escena tiene la bajada 
por la izquierda: al pié de esta bajada un barranco profundo : en- 
tre una multitud de matas se abre una cueva cuya entrada está 
perfectamente cubierta y casi oculta á los ojos del espectador has- 
ta el momento oportuno: árboles, zarzales, espinos ramas altas y 
frondosas por toda la escena: en los dos costados del teatro y en el 
primer término se ven dos pendientes que bajan á los caminos, 
pues el teatro figura la cimade una montaña; troncos de árboles 
que pueden servir de bancos. Amanece: se oyen los cantos de los 
pájaros, etc. etc. 

ESCENA PRIMERA. 

Un BANDOLERO en el monto, derecha, de centinela. TALLAFERRO que sa- 
le de la izquierda abajo v 1 1 GüERXU á poco, que sube del barranco 
con escopela ó trabuco. 

Tallaf. Ya amanece. Reconozcamos el sitio ¿Amigo? (Al cen- 
tinela.! 

(jE.ntin. Alerta. 

Tallaf. ¿Hay novedad? 

Centin. Ninguna por ahora. 

Tallaf. ¿Y la gente? 

Centcv. Toda está en su puesto. 

Tallaf. Bien. Escóndete entre Jas ramas para que no te di- 
visen desde el llano y guarda tu puesto; á la mas 
pequeña novedad, avisa. 



- 62 - 

(El centinela se oculta. Tallaferrp se acerca al barranco.,) 
¿Veamos quién guarda el paso del barranco? (Silba ) 
GüERXU. Presente. (Apareciendo armado.) 

Tallaf. El Guerxu. 

Güerxu. Yo. 

Talla? 1 . ¿Hay peligro por esa parte? 

Guerxu. No. 

Tallaf. Pues escucha: ¿no sabes la nueva que ha corrido en 
nuestro campo? 

Guerxu. ¿Cuál? 

Tallaf. Que el Fadrí ha perecido á manos de nuestros ene- 
migos. 

GüERXU. ¿Cómo? (Con dolorosa sorpresa.) 

Tallaf Después de la muerte de nuestro joven capitán, Fa- 
drí, que habia logrado unirse á la partida del Tút en 
el puente, logró por un esfuerzo de valor volver á to- 
mar la casa que el niño por un esceso de temeridad 
quiso defender solo y donde pagó con la vida su ar- 
rojo; juzga tú cuál seria el dolor de Fadrí, cuando al 
poner el pié en el último escalón vio el cadáver del ni- 
ño sobre un charco de su misma sangre.... 

GüERXU. ¡Cobardesl (Mirando hacia el llano con ferocidad.) 

Tallaf. Yo llegaba en aquel momento con parte de los nues- 
tros; pude ver su desesperación y el juramento de 
venganza y esterminio que hizo sobre el cadáver; 
confiésote que temia que hubiese perdido el juicio: to- 
dos estábamos desalentados, cuando sentimos que 
nos atacaba de nuevo la fuerza que iba á las órdenes 
de ese joven oficial á quien ayer cogimos prisionero 
yque.... 

Guerxu. ¡Morirá!.... (Con ferocidad.) 

Tallaf. Tal es la intención de toda la banda, y solo se es- 
pera al Tút para que la confirme. Pero oye; al sentir 
los primeros disparos, nos echamos fuera de la casa , 
llevándose Fadrí en sus brazos el cuerpo exánime del 
niño para darle sepultura; nosotros , respirando solo 
ira y odio, nos abrimos en dos alas para cercarlos y 
que no pudieran escapar, y todos hubieran muerto á 
no ser por un cuerpo de gineles que protegió su re- 
tirada. 

Guerxu. ¡Voto!... (Con rabia.) 

Tallaf. Entonces perdí de vista á Fadrí, que no habia aban- 



- 63 - 

donado su preciosa carga, y nada he sabido de él hasta 
hace un momento que ha traido la noticia uno de los 
nuestros de que era prisionero y que á estas horas ha- 
bría perecido en la horca. 

GüERXU. ¡Ohl... (Dando un golpe en tierra con desesperación.) 

Tallaf. Tienes razón en desesperarte, Guerxu, pues aunque 
hemos salido vencedores de esos infames cadells y es- 
tán en nuestro poder la hija de Colmenar y ese capi- 
tán de tercios, no recompensan sus vidas las pérdidas 
que hemos sufrido. 

GüERXU. Cierto. (Con dolor.) 

Tallaf. El capitán y el teniente; [desgraciados narros! solo 
queda ahora para mandarnos la inconsolable doña 
Juana y el valiente Tút. . . mas aquí Ilegal 

ESCENA II. 

Dichos y SERRA. 

Serra. ¿Amigos? 

Tallaf. ¿Sabéis la desgraciada nueva?... 

Serra. Sí, la sé; el cielo no ha querido concedernos la victo- 
ria sino en cambio de la vidade nuestros valientes je- 
fes; pero os aseguro por mi sangre que mucha de mis 
contrarios he de ver derramar antes que apague mi 
sed de venganza. 

GüERXU. Amén. (Con resolución y energía.) 

Serra. Guerxu, pon un centinela en la subida de esa cuesta y 

Vuelve. (Señalándole la déla derecha; el Guerxu vá al bar- 
ranco, silba, sube un bandolero, y se vá con ét por la derecha 
abajo. ) 

Tallaferro, conduce á mi presencia al preso, y tráete 
dos hombres contigo. 
TALLAK. Voy al punto. (Vase por la izquierda abijo.) 

ESCENA III. 
Serra, solo. 

Cumplamos con nuestro triste deber; el corazón se re- 
bela ante una venganza de esta naturaleza; nunca creí 
tener valor para matar á un hombre á sangre fria; si 



— 64 — 

fuera en medio del combate, cara á cara y con las ar- 
mas en la mano, no digo que no... pero... ¡ah! ¿poi- 
qué no es don Juan de Colmenar?... á ese sí, á ese no 
le daria tiempo para que rezase su última oración, 
para que alzase la vista hasta los cielos implorando la 
misericordia divina... á ese le asesinaría, le destroza- 
ría, le pulverizaría si lo hallase ante mí jmas ya se 

acercan! ellos son. 

ESCENA VI. 

SERRA, el GüERXÜ por la derecha, TALLAFERRO, FONTANELLAS alado 
y dos bandoleros por la izquierda. 

GüERXÜ. Está. 

Serra. Bien.— Espera. 

Tallaf. Ya está aquí el preso. 

Serra. Adelante; desatadle.— (Joven esl (Le desatan y bajaal pros 

cenio con resolución: en toda la escena se lia de ver en él gran 
valor, sin pecar de insolencia.) ¡lástima de existencia! 

¡mas la sangre pide sangre!... ¡Fadrí ha perecido! El 
debe acompañarle!...) Prepárate á morir. (Con resolución ) 

Fontan. Estoy preparado. (Con sangre fri a.) 

Serra. (¡Es valiente!) Si tienes alguna persona á quien parti- 
cipar tu última voluntad, dílo, que te aseguro que lle- 
gará á sus oídos; si prefieres escribirla, te se traerá lo 
necesario para hacerlo, y prometo que tus letras lle- 
garán á sus manos sin que los ojos de ninguno de los 
nuestros se atrevan á averiguar lo que diga el papel. 

Fontan. Gracias, gracias; en el momento á que me ha traído el 
destino, solo á una persona podía interesar mi muer- 
te ó mi vida, y esa quizá se me haya adelantado para 
comparecer ante las plantas del Eterno. 

Serra. ¿Quién era? 

Fontan. ¿Qué os puede interesará vosotros, hijos de las mon- 
tañas, que no podéis comprender Jos afectos que ha- 
cen latir el corazón con violencia, derramando en el 
los gérmenes de ventura y felicidad? ¿De qué servirá 
que yo os diga el nombre del ángel de mi existencia, 
si al oirlo quizá una carcajada de odio me responderá 
que ha exhalado su último aliento en vuestros indig- 
nos brazos? 



— 65 - 

SRRRA. (Con amargura y creciendo poco apoco.) Siempre SOIS igua- 
les; en vida y en muerte nos aborrecéis y nos insultáis 
groseramente, presumiendo que solo vosotros sois 
■ buenos y nobles, y que solas vuestras acciones mere- 
cen elogios y recompensas. Ya se vé; engreídos con 
vuestros blasones, encerrados en vuestros palacios, 
vestidos con lujo y esplendidez, rodeados de place- 
res, no podéis comprender, no queréis estudiar las vir- 
tudes que encierran las almas de los hijos del pueblo; 
de esos hombres que con el sudor de su frente riegan 
los campos para daros el sustento, y que mas nobles 
que vosotros, se contentan con lo poco que les pro- 
duce un trabajo incesante y os ven nadar en la abun- 
dancia sin desplegar sus labios, mientras padecen 
privaciones y hambre. ¿Pero qué os importa eso á 
vosotros? El pueblo, decís, ha nacido para trabajar y 
sufrir, y desgraciado el dia que quiera recobrar sus 
derechos, porque nosotros acallaremos sus gritos con 
el plomo de nuestros arcabuces; ¿no es cierto? Pues 
es necesario que comprendáis que el pueblo y los hi- 
jos de las montañas tienen corazones de cera para el 
bien y de bronce para combatir el despotismo y la ti- 
ranía, y que el dia en que el pueblo, cansado de sufrir, 
rompa sus -cadenas, se convertirá en torrente impe- 
tuoso que atropellará y destruirá cuanto á su paso se 
oponga. 

Fontan. Si tan noble y generoso es el pueblo, ¿porqué no pre- 
senta sus quejas contra los que le ofenden y reclama 
justicia con moderación y respeto, en lugar de acudir 
á medios violentos? 

Serra. ¡Justicial palabra digna y grande si se ejerciera con le- 
galidad para todos y en bien de todos ; palabra sono- 
ra y hueca que solo empl eais contra nosotros cuando 
reclamamos nuestros j ustísimos derechos. ¡Justicia! 
¡siempre la hay para el rico en contra del pobre ! ja- 
más se le hace á un villano si reclama contra un no- 
ble, aunque este haya destruido su felicidad, aunque 
le haya encarcelado, (Con desvarío) aunque haya asesi- 
nado á su mujer y á su hijo...! ¡Justicia! .. ¡viviría 
Colmenar si hubiera justicia en el mundo!.... 

Fontan. ¡Colmenar! .. fCon sorpresa. 1 

Serra. Si , ese infame que es el encargado de administrarla 

5 



- 66 — 

ese vil que ha hecho nacer en mi corazón la llama de 
una venganza que solo puede apagar su indigna san- 
gre. — Pero acabemos ; di tu última voluntad, porque 
concluye tu existencia por momentos. 

Fontan. Pues bien ; el nombre que has pronunciado es el del 
padre de mi adorada ; ella fué robada por vosotros; 
ella está en vuestro poder. Si no ha pagado la infeliz 
con su vida crímenes deque eslá inocente, decidle que 
muero por ella y pensando en ella; que muero por 
haber venido á la montana á hacerla recobrar su liber 
íad y que mi último adiós ha sido para ella. 

Serra. Se cumplirá tu deseo. 

Fontan. ¿Vive pues?... (Con ansiedad.) 

Serra. Vive, sí; no era ella la que debia morir; ha sido respe- 
tada y lo será. 

Fontan. Gracias, gracias ; ahora estoy pronto ; la muerte me 
será menos sensible sabiendo que mi Elvira vive. 

Serra. (Me falta el valor.) Tallaferro, cumplid vuestro deber. 

(Los cuatro se forman en fila y preparan las armas.) 
TALLAF. Arrodillaos. (áFonlanellasque va hacia lacolina izquierda v 
se arrodilla) 

Fontan. (¡Ah!,Voy (Levantando los ojos al cielo.) |Oh! hermano 

mío, muero con el desconsuelo de no haber podido ven- 
gar tu muerte, Salvio de Fontanellas!.... 

SERRA. Deteneos. ¿Qué decís? (Volviéndose rápidamente) ¿Erais 
vos hermano de D. Salvio ? 

Fontan. Sí. 

Serra. ¿Del que fué gobernador de Barcelona? 

Fontan. Sí. 

Serra. ¿Del que murió asesinado j unto al convento de Santa 
Clara? 

Fontan Del mismo. 

Serra. ( Con espansion.) jAh! gracias, Señor, gracias; no caerá 
su sangre sobre mí. 

Tallaf. y los otros. ¿Qué decís? 

Güerxtj. ¿Cómo? 

Serra. Que ese hombrees sagrado. 

Tallaf. ¿Porqué? 

Serra. Su hermano me dijo: «salvé al Fadrí de Sau,te salvo á 
tí, y salvaré á todo hombre de bien que haya obtenido 
la amistad de Serrallonga; es su último deseo y siem- 
pre lo cumpliré.» -Pues bien, decidme vosotros; el her 



— 67 - 

mano del hombre á quien Fadrí y yo debimos la vi- 
da, debe morir á nuestras manos?... 

TODOS. ¡Nol (Con entusiasmo.) 

Serra. ¡A.h! ¡bien, gracias! amigos, gracias; no esperaba me- 
nos de vosotros.— Ved aquí, señor, lo que son los hi- 
jos de las montañas; estudiad sus corazones. 

Fontan. Sin embargo, mi hermano salvó la vida á muchos de 
los vuestros y le pagaron su acción dándole muerte. 

GüERXU. No. (Con firmeza ) 

Fontan. ¿Cómo? ¿no fueron los narros quien le sorprendieron 

una noche y le asesinaron vilmente? 
Güerxu. No. 
Fontan. ¿Quién puede asegurarlo? 

GüERXÜ. Yo. (Saca una cartera.) 
Fontan. ¿Tú? ¿y cómo? 
GOERXO. Así. (Dándole una carta.) 

Fontan. Esta carta... 

Güerxu. Leed. 

Fontan Es letra de mi hermano; está escrita con sangre 

Veamos. (Lee.) «Muero por orden de don Juan de Col- 
menar; un narro me ha defendido y ha muerto á dos 
de mis asesinos...» 

GüERXU. ¡YO! (Con complacencia.) 

Fontan. «Al espirar uno de ellos ha confesado su delito y el 
nombre del que le ha comprado: ¡venganza sobre mi 
asesino!» La tendrás, la tendrás; lo juro por tu preciosa 
sangre y que el cielo me castigue si falto á mi jura- 
mento. Dadme una espada: quiero ir á buscarle y que 
me entregue su miserable existencia en pago de sus 
crímenes. 

Serra. No; su vida no os pertenece á vos solo; hay otros que 
con mas justiciase Ja arrancarán. 

Fontan. Nadie osará disputársela á mi furor. Ahora mismo... 

Serra. Esperad hasta mañana, dadme vuestra palabra y no 
salgáis de nuestro campo por ahora; Jos que lloran la 
muerte de sus jefes no os respetarían y pagaríais con 
la vida vuestra temeridad. 

Fontan. Siglos se me harán las horas que tenga que es- 
perar. 

Serua. Diez años hace que espero y no he perdido la pa- 
ciencia. (Con amargura ) 

Fontan. ¿Vos también? 



68 — 



Serra. Sí; diez años de martirio y de esperanza. Esperanza 
que pronto se realizará, lo espero. Vamos, el sol ya 
brilla con toda su fuerza: seguidme. 
¿A dónde vamos? 
Luego lo sabréis.— Compañeros, á vuestros puestos. 

(Los dos narros se van por la izquierda.) 

Fontan. (Al volverse y ver al Guerxu.) Defensor de mi hermano, 
perdona mi olvido á mi dolor y ven á mis brazos. 

Sí. (Con alegría.) 

¿Vamos? (A don José Fontanellas.) 

Vamos. (Bajan al barranco.) 



FONTAN 
Serra. 



Guerxu 

Serra. 

Fontan. 



ESCENA V. 
Tallaferro, el Guerxu, luego Doña Juana. 

Tallaf. Regocijóme á fé de que no haya muerto ese joven; 
aunque cadell, tiene un corazón noble y honrado. 

Guerxu. Cierto. 

Tallaf. Pero aquí se acerca doña Juana. ¡Pobre señora! 

JUANA. ¡Tallaferro! (Con acento sombrío: llevapluma negra en el som- 
brero y un puñal al cinto.) 

Tallaf. ¿Qué mandáis? 

Juana. ¿Han traído á la joven que desde hace quince dias es- 
tá en la cueva del Suspiro? 

Tallaf. Como hasta ayer han estado todos los caminos guar- 
necidos por tropas de los cadells, no les habrá sido 
posible salir de Caróz á los que enviasteis en su busca. 

Juana. (¡Quince dias esperando! ¡quince dias!... ¡y mi hijo 

muerto!... ¡Ahí ¡Dios mió! ¡Dios mió! ) ¿Le habrá 

faltado algo en ese tiempo? 

Tallaf. No señora; vuestra fiel criada Eulalia estaba á su lado 
y tenian todo lo necesario para no carecer de nada en 
dos ó tres meses. 

Juana. Bien; vé á ver si ya ha llegado. Si está aquí, tráela 
al momento. 

TALLAF. Seréis Obedecida. (Yase por la izquierda y el Guerxu al bar- 
ranco foso.) 

ESCENA VI. 

Doña Juana sola. 

¡Miserable y fatídica existencia! (Con amargura.) 
Fortuna incontrastable y azarosa 



— 69 — 

cuya rueda inflexible, solo males 

derramó sobre mí con mano pródiga. 

Deja que hoy venza tu siniestro influjo 

y pare el curso de tu fuerza ignota: 

deja que vengue á mi inocente hijo 

que ante el trono de Dios justicia implora! 

jDeja que leves á mis ojos sean 

los lamentos del alma quejumbrosa 

y que sordo mi oido á sus clamores 

solo los gritos de venganza oigal 

¡No haya piedad! ¡el cuerpo de mi hijo 

á quien ni aun cubre funeraria losa (Con dolor.) 

reclama de su sangre que se muestre 

sorda á virtudes y á piedades sorda! 

jQue tiemblen sus infames asesinos! (Con furor.) 

¡Ya ruge en las montañas la leona 

que se prepara á destrozar sangrienta 

la presa que ante sí la suerte ponga! 

¡Ni rastro dejará cielos que impíos 

la negaron gozar tranquila un hora! 

jpasó ya la cuartana irresistible 

que su fiereza y su valor acorta 

y de nuevo invencible se presenta 

con su rugido aterrador que asombra, 

á desgarrar al que á su tierno hijuelo 

en su cueva real dio muerte pronta! Pausa.) 

Mas siento pasos... si será...— Se acercan... 

(Dudando.) ¡A.h! ¡ella es!... ¡mi corazón rebosa 

de placer y dolor con su llegada 

y mi alma se entristece y se alboroza!... 

—Pero ¡fuera dudar! ¡mi hijo reclama (Con brioj 

en mi pecho valorl... ¡Valor me sobra! 

ESCENA VII 

Dicha, DOÑA ELVIRA y TallAFERRO que se relira á una sena de 
Doña Joana. 

Elvira. ¡ 4h! señora, ¿sois vos la que me llama? 
¿No me engañan mis ojos? ¡Llegó el hora 
tan pedida á los cielos en que vuelva 
á mi casa natal de Barcelona! 



— 70 — 

¿Me traéis ú este punto á noticiarme 
esa nueva feliz?...- Gracias, señora. 
Dios colme vuestros dias de ventura 
si tal idea vuestra mente forma...— (Breve puus.i. 
Pero... ¿me habré engañado? Ese silencio 
¿qué me anuncia? decid. (Con recelo.) 
Juana. ¿Tanto te importo 

volver á tU palacio? (Con sequedad.) 

Elviiu. (Con sentimiento. ) ¡Esa pregunta 

mi dicha actual en sentimiento torna! 
¿Si me importa volver? ¿Cómo pudiera 
no desearlo, si en mortal zozobra 
vivo continuamente en estos montes 
temiendo por mi vida y por mi honra? 
¿Que si quiero volver? decid al ave 
que aprisionada en jaula poderosa 
puso hábil cazador si está contenta, 
ó si quiere volar á dó con honda 
y plañidera voz por ella pían 
los tristes padres que su ausencia lloran; 
pedirá libertad: pues bien; juzgadme 
como al ave también, y ved, señora, 
si mi anhelo será volver tranquila 
á mi padre infeliz, á Barcelona. 

Juana. Tienes razón, y pues deseas tanto 

la libertad lograr, tu duda acorta; (Con ironía.) 
pronto la has de tener, te lo aseguro, 
mas pronto que tu pecho la ambiciona. 

Elvira. ¿Cómo? ¿decís verdad?... ¡ah! [perdonadme! 
no os agravie en verdad lo que mi boca 
puso en duda un instante; nunca el alma 
dudó de vuestra mano generosa; 
siempre en vos esperé y en mi desgracia 
habéis sido mi egida protectora. 
Permitid que mi labio agradecido 
os demuestre el placer que el alma goza, 
y en vuestra mano bienhechora 

JüANA. (Interrumpiéndola con acritud.) Calla: 

no mas tu acento en alabanzas rompa , 
que no es bien que te halague una esperanza 
que nunca ha de cumplir tu suerte odiííí«£ 
Elvira. (Con temor.) ¿Qué decís? 



— 71 — 

Juana. Oye bien; lo que desi 

tu libertad querida.... 
Elvira. ¿Y bien, señora? 

¿no dijisteis que vos ibais á dármela? 
Juana. Sí; pero escucha bien; nunca mi boca 

la mentira forjar supo imprudente; 

la libertad tendrás, mi fé lo abona; 

pero larga, tremenda, interminable 

como la hiél que de mi pecho brota: 

te daré libertad, pero en la muerte. 
Elvira. (Con un grito de espanto.) ¡Cielos! 
Juana. Vas á morir. 

Elvira. La mente loca 

no acierta á comprender.... 
Juana. No hay esperanza: 

hija de Colmenar, mírame ahora: 

(Con entereza.) yo fui esposa 

(Con un grito del corazón.) y fui madre: 

ámi hijo lloro 

y á mi esposo infeliz, á Serrallonga. 
Elvira. (Con espanto.) jCómo! ¡sois vos!.... 
Juana. (Llorando.) La que muriendo vive 

desqueje falta el hijo en quien adora: 

tu padre lo mató; (Cambiando de repente y con ira nerviosa.) 
tu padre infame, 

que aun de la vida placentero goza. 

Él me mató á mi hijo; yo en su hija 

la pena del talion cumplo gozosa. (Saca el puñal.) 
Elvira. (Gritando y arrodillada ) ¡Ahí ¡Señora, piedadl 
Juana. ¡Cómo él la tuvo! 

Sangre por sangre, sí, gota por gota. 
Elvira. (Levántase despavorida.) ¡Dios, socorro, venid! 
JüANA. (Levantando las manos al cielo.) ¡Hijo, venganza! 

ELVIRA. ¡Ah! (Cayendo otra vez de rodillas al verla venir.) 



ESCENA VIH. 

Dichas y FONTANELLAS. 

FoNTAN. (Apareciendo en el barranco y dando un grito. 
"LVIRA. (Levantándose y refugiándose en sus bra,zos.) 



¡Elvira! 

¡Cielos! 



- 72 ~ 

JüANA. (Quedándose parada y confusa.) ¿Quién?... 

Fontan. (Colocándose entre las dos;) Tened, señora. 

Juana. ¿Quién sois, decid? ¿quién sois? ¿por qué á mi paso 
os presentáis , cuando justicia pronta 
anhelo Consumar? (Viveza en toda la escena.) 

Fontan. ¿Llamáis justicia 

asesinar á una infeliz que llora 

y solo por defensa tiene lágrimas 

que oponer contra el arma destructora 

que su vida amenaza? 
Elvira. ¡Por Dios, calla! 

no su furor aumentes. 
Fontan. Nunca obra 

el que noble nació de otra manera. 
Elvira. También sucumbirás; teme su cólera. 
Juana. ¿Mas tú quién eres? dime. 
Fontan. El que su vida 

defenderá como su misma honra. 

Su amante soy y pido que al momento 

la causa me espliqueis porque anhelosa 

su muerte deseáis. 
Juana. (Fuera de sí.) ¿Por qué, preguntas? 

Te lo diré al momento; escucha ahora. 

¿Has tenido algún hijo? ¿te lo han muerto 

delante de tus ojos, di? 
Fontan. (Confuso.) Señora.... 

Juana, ¿Has visto pisoteado su cadáver 

por soldadesca vil y hasta con mofa 

tu dolor despreciar?.... 

ELVIRA. (Horrorizada.) ¡Oh CÍeloI 

Fontan. Nunca. 

Juana. Pues entonces, no sabes cómo se odia; (Con frenesí ) 

Colmenar mató á mi hijo; yo en la suya 

vengarme quiero.— Paso, ó bien furiosa 

tu pecho atravesando, sabré abrirle 

derramando la sangre que atesora. 

FONTAN. Hacedlo; estoy dispuesto. (Avanzando hacia ella.) 
Elvira. ¡Oh Dios! 

Juana. Dejadme. 

Fontan. Atravesad primero mi persona. 



— 73 — 



ESCENA IX 

Dichos y SERRA por el barranco. 

Sekra. Deteneos, doña Juana; 

¿qué vais á hacer? 
Juana A vengarme. 

Serra. Antes habréis de escucharme 

quehacer acción tan tirana. 
Juana. ¿Ignoras?.... 

Serra . (Con amargura.) ¿Quéhe de ignorar? 
Todo lo sé; mas, señora, 

esa joven no es autora 

de lo que no ha de pagar. 

Al entregárosla á vos, 

os dije: esté á vuestro lado 

y marcharé confiado 

si la amparamos los dos. 

Vuestra palabra me disteis 

de que tranquila estaría 

y no le sucedería 

nada; vos me lo ofrecisteis, 

¿no es verdad?.... 

Sí, mas mi hijo... 

¿Y tenéis la diestra armada 

contra aquesa desgraciada?.... 

El dolor en que me aflijo 

no me deja discernir. 

ni me lega otra esperanza 

que el placer de la venganza; 

sin ella, execro el vivir. 

A Dios debéis imitar 

y ser, cual El, generosa; 

nunca un alma es mas hermosa 

que cuando ha de perdonar. 

Que es la piedad el gran don 

que al alma sirve de estrella; 

laraiz mas pura y bella 

del árbol del corazón. 
Juana. ¡Piedad!.... ¿túvola el impío 

(Llorando .) al ver á mi hijo morir?.... 



Juana. 

Serra. 

Jdana. 



Sbrra 



— 74 - 

Serba. Dios nos enseñó á sufrir.... 

¡Pensad en El!... Y yo fio 

que derramará la calma 

sobre vuestro corazón, 

y llegará una ocasión 

en que pueda vuestra alma 

conocer su inmensidad, 

su profunda inteligencia, 

su alabada omnipotencia 

y su escelsa majestad. 
Juajna. (Deja caer el puñal.) jTienes razón! el pesar 

la mente me ha trastornado;- 

nunca Dios ha perdonado 

al que negó el perdonar. 

El enseñó á padecer 

á toda la raza humana; 

El en su edad mas lozana 

por todos fué á perecer; 

El al fuerte pecador 

perdona si se arrepiente; 

(Cae de rodillas.) al suelo inclino mi frente 

(Llorando.) pidiendo gracia, Señor. 

ELVIRA. (Pausa, con poca voz y yendo á su lado.) 

Si pasado de ira el fuego 
volvéis vuestra vista ahora 
hacia mi, pensad, señora, 
que os hago ese mismo ruego. 
Perdonadme. 
JUANA. (Levantándose y abrazándola.) VOS á mí; 
mucho mal os habré hecho; 
si leyerais en mi pecho 
vierais lo que pasa aquí. (Con profundo dolor ) 

ESCENA X. 

Dichos, El GüERXU que sale del barranco apresuradamente y llama 
Serra demostrando una gran alegría. 



GüERXU. (Rápidamente toda la escena.) (jSerral.... 
SERRA. (Subiendo á encontrarle.) ¿Quién?.... 

GüERXU. (Con complacencia y sonrisa maligna.) |E1I . 

SERRA. (No comprendiendo ) 



¿Cómo? 



75 



GüERXU 

Serra. 



GüERXÜ, 

Serra. 

Güerxü 

Serra. 



Güerxü 
Serra. 



Juana. 

Serra. 



Juana. 
Serra. 

Juana. 
Elvira. 
Juana. 
Fontan 



Serra- 



(Señalando con la cabeza á Elvira que está vuelta de espaldas 
é indicando que es su padre el que llega.) [El!... 

(Con un suspiro largo y marcado.) 

¡Ah!... los cielos me le envian! 
¿Hacia aquí viene? 

(Indica el barranco-) Subian.... 
¿El y otros? 

Seis. 

Eres fiel 
(Dándole la mano.) y de lí solo me tío: 
una misión delicada 
te vá á ser encomendada. 
Bien. 

Espera, amigo mió.) 
(Bajando y con viveza.) Señores, dejadme aquí 
solo un instante, marchad. 
¿Hay alguna novedad? 
No; solo me atañe á mi; 
dejadme solo un momento: 

Guerxu, lleva esta señora (Por doña Elvira. 

lejos de aquí, porque ahora 

me precisa, aunque lo siento, 

su ausencia. —Dale una espada 

al capitán y si gusta, 

(A Elvira.) y á vos tampocoos disguslr 

de él iréis acompañada.— 

Doña Juana, un cuarto de hora 

quiero solo estar; después 

venid. 

Esplicadmepues... 
Todo lo sabréis; ahora 
por Dios, marchad. 

(Volveré.) 
Señora... 

(Abrazándola y marchando juntas.) AdÍOS. (A Serra.) 
(Dándole la mano á Serra.) Salvador 

de mi vida y de mi amor, 
adiós. 

Después os veré; 
no os alejéis, caballero, 
porque tenemos que hablar 
si es que consigo arreglar, . 



- 76 -- 
Fontan. Al pié de esa cuesta espero. 

(Vanse los cuatro por la colina izquierda. / 

ESCENA XI 

Serra y el Centinela en el monte. 

Apenas queda solo, el centinela de la montaña saca la cabeza y hace seña 
á Serra de que suben por el barranco. Sorra le hace otra seña de asen- 
timiento y le dice que se oculte y él lo hace. Serra después de hablar, 
vá á las colinas Y. y I)., las reconoce y últimamente se oculla detrás 
de unas peñas grandes que hay entre la colina D. y el monte. 

Veamos. -¿Suben?... sí...— Abajo: (Al centinela.) ceba... 
—Si acaso, obedece á mi voz...— Ocúltate.- Bien.— 
Ya han desaparecido por este lado... por este no hay 
nadie.. —¡Gran Dios! ¡gracias te doyl él mismo viene 
á meterse en la red que acabará con su vida, gracias 
á la manera con que se la he ido tejiendo; hace seis 
horas que no vé á un narro; dentro de diez minutos 
verán cubiertas las montañas y los llanos los espanta- 
dos cadells que ahora las ocupan...— ¡Se acercan!... 
—Teresa, esposa mia, [llegó el dia de la justicia! ¡mí- 
rame y juzga! (Se oculta.) 

ESCENA XII 

COLMENAR y 6 soldados por el barranco ¡ á poco SERRA. 

Colmen. Por fin subimos esa condenada cuesta: yallegamos ala 
meseta de la colina y á nadie se divisa: esos cobardes 
narros han abandonado estas montañas como ovejas 
desbandadas: no se encuentra la mas leve señal que 
nos indique su paso. — Volved á bajar por ese otro 
lado y reconoced ese doble sendero: á la menor nove- 
dad, avisad á la fuerza que se halla escalonada en to- 
do el barranco con el disparo de uno de vuestros ar- 
cabuces, y al instante todos estaremos reunidos; mar- 
chad. (Bajan al barranco por otro lado. Va á sentarse en una 
piedra que hay en la colina derecha y deja en ella las pistolas 
que lleva en la mano: Serra va saliendo con cuidado de su es- 
condite, y se las coge sin que le vea Colmenar, dando la vuelta 



— 77 — 

para presentarse ante 61.) ¡Dia desgraciado! ¡Todas 01ÍS 

pesquisas han sido infructuosas para hallar á mi que- 
rida hijal ¿Dónde la habrán escondido esos in- 
fames? 
Serra. ¿Quieres saberlo? 

COLMEN. ¡ A.h! (Vá á coger las pistolas y al no hallarlas, eselaraa:) ¡Trai- 
ción! (Queriendo ir al barranco.) 

Serra. ¡Un paso mas y eres muerto!.... (Apuntándole.) 

Colmen. ¿Qué miro? ¡Simón Roig! ¿No eres tú el infame ladrón 
que se introdujo en mi casa para robarme mis dos 
presos? 

Serra. No; fui el leal narro que te arrancó dos de tus mas 
apreciadas víctimas. 

Colmen. Corta ha sido la libertad de una de ellas, pues al vol- 
verla á hallar le arranqué la vida con mis propias 
manos. 

Serra. ¡Hazaña digna de un miserable! ¡asesinará un po- 
bre niño!.... Si son así todas tus proezas, no hay du- 
da que tu patria puede estarte agradecida por el ho- 
nor que la dispensas!.... 

COLMEN. ¡Simón!... (Con furia adelantándose con la espada desnuda.) 

SERRA. ¡Quieto!! (Apuntándole: Colmenar retrocede.) No SOy 

Simón el labrador; mírame bien y busca en una página 
de tu vida el nombre de un infeliz á quien hiciste el 
mas desventurado del mundo. 

COLMEN. ¿Qué dices? (Sorprendido.) 

Serra. ¿No me conoces? mírame bien, pues aunque el sufri- 
miento y el dolor han variado mi fisonomía, todavía 
tendrás presentes algunos rasgos de ella.— Don Juan 
de Colmenar, ¿te acuerdas de Teresa? ¡Con voz terrible.) 

COLMEN. ¡Serra!!.. . (Con un grito de espanto.) 

Serra. ¿Te acuerdas de aquella desventurada á quien tus pro- 
pias manos asesinaron sin piedad por no querer pres- 
tarse á tus impúdicos deseos? 

Colmen. ¡Yo!... (Aterrado.) 

Serra. ¿Te acuerdas del fruto que llevaba en su seno y a 
quien quitaste la vida antes de que pudiera contem- 
plar la obra de Dios? ¡Di, te acuerdas, vil asesino, in- 
fame verdugo! 

Colmen. ¡Soldados! (Con voz estentórea.) 

SERRA. (Toca un pito que es repetido de montaña en montaña; se ov^n 
algunos disparos lejanos, voces y ruido de armas: aparece la 



— 78 — 

montaña cubierta de bandoleros y suben á l;i eseona por el 
barranco y las colirias multitud de ellos.) ¡Mira bien dónde 

se haJIanl Están todos, como tú, en mi poder, y juro 

que abora no te has de escapar. 
Todos. [Muera! 
Skrra. ¡Atrás! ¡nadie ose poner la mano sobre esa fiera! me 

pertenece, 

ESCENA XIII. 
bichos, Doña Juana, Guerxu, Tallaferro y deirás Fontanellas. 
Juana. En vano he esperado, Serra.... ¡Dios! ¡qué miro! (Vé á 

Colmenar y quita el pedreñal auno.) ¡Monstruo infernal! 
Serra Y Colmen. ¡Doña Juana! 
Juana. ¡Dejadme vengar á mi hijol 
FONTAN ¡Colmenar! (Saliendo con la espada desnuda.) 
Colmen. ¡Fontanellas! ¡salvadme! 

Fontan. ¡Infame asesino! ¿aun te atreves á implorar mi favor? 
Colmen. ¡Cómo! ¡vos también!.... 
Fontan. ¡La sangre de mi hermano, derramada por tí, reclama 

tu vida! defiéndete! 
Tono-. No, ¡muera! 
Juana, Serba y Font. Sí> sí, ¡venganza! (Yendo á él.) 

ESCENA ÚLTIMA. 

Di. líos, EL NlÑO y el FadrÍ por la cueva. 

NlÑO Y FaüRÍ. No, ¡justicia! (El Niño dispara un pistoletazo á Colme- 
nar, que cae muerto.) 
TODOS. ¡Ah! (Grito general que espresa los sentimientos de cada 

uno.) 
JüANA ¡Hijo! (Todos á un tiempo con grande espansion y 

NlÑO. ¡Madre! I abrazándose' uñosa otros. Eslas voces se han 

SFRRA t Don Tilín! I ^ e ( " slin £ !lir perfectamente. Los bandoleros 
„, p H I I ^ ne corona l Jíln ' ;1 montaña bajan, y con otros 

1ALLAF. ¡Paan. I que su ] leT1 fJe todos lados, llenan lolalmentc 

FADRI. ¡ AmigOSl I !a escena abrazando á Fadrí. Gran animación. 
UNOS. ¡El Capitán! I El Guerxu se acerca á Colmenar, reconoce si 
Otros. ¡El teniente! está bien muerto y luego dice su verso con 
Otros. ¡Vivos! alegría.) 

Fontan. Sí, ¡justicia de Dios! (Pansa.) 



— 79 — 



GüERXU 

Serra. 
Juana. 



N¡ño. 

Juana. 

Serra. 

Faurí. 



Tallaf 

Todos. 
Fadrí. 
Niño. 

Juana. 
Fadrí. 



Juana. 
Fadrí. 

Niño. 
Serra. 

Fadrí. 
Fontan. 

Serra 

Fontan 

Serra. 



¡Está muerto! 

¡Bien, Guerxu; motivo es suficiente para que digas 
dos palabras seguidasl 

¿Porqué milagro te vuelvo á estrechar entre mis bra- 
zos? ¿No es ilusión?... déjame que te vea, que te 
oiga... dime, ¿no és verdad que te tengo junto á mi 
Corazón? Habla, di... (Besándole fuera de sí de alegría.) 
¡Madre mial 

¡Ah! Señor, Señor, ¡bendito seas! (Alzándola vista al cielo.) 
Te teníamos por muerto, Fadrí, mi buen amigo, ¡mi 
querido hermano! 

No le ha faltado mucho; he estado siete dias acorrala- 
do como una fiera en el corazón de una montaña con 
mi precioso tesoro, con mi valiente ahijado, mal heri- 
do y casi muerto por ese infame aborto de la tierra! 
¡He cerrado su peligrosa herida con mis mismos la- 
bios y he conseguido salvarle! 
¡Bien por Fadrí! ¡Viva el teniente! 
¡Viva! 

Que viva, ¡pues vive el capitán! 
Sí, ¡madre mia! ¡á él le debes tu hijo! 
¡Ahí ¡Fadrí! ¡mi vida es tuya! á tus plantas... 
¿Qué hacéis, señora? ¿me dais gracias por haber sal- 
vado á mi ahijado? ¿pues no era mi obligación? ¿no 
soy su segundo padre en la tierra? ¿ó acaso no me que 
réis admitir ya como á tal?... 
Sí, Fadrí, ven á mis brazos!... 

Con todo mi Corazón. (Se abrazan estrechamente .) ¿Y VOS, 

señor?... 

Sí, ¡padre mío!... (Se abrazan los tres.) 
¡Fadrí, aquí tienes al hermano de don Salvio, nuestro 
libertador!... 
¡Cómo! ¡es posible!... 

Sí, yo soy. Te veo y te admiro, Fadrí. Tienes un noble 
corazón. ¡Amistad eterna entre nosotros! 
Sí, ¡entre los dos! 
No, ¡entre los tres! ( Dándoles las manos.) 

Así sea. -Ahora, amigos, escuchad: el papa Inocencio 
décimo nos envia la absolución de nuestros pecados y 
el perdón de nuestras culpas si nos reconciliamos con 
los cadells; ellos deponen las armas, si nosotros deja- 
mos las nuestras; harto ha sufrido Cataluña; dejemos- 



— SO- 
la gozar de tranquilidad, y en lugar de perder nuestras 
vidas hermanos contra hermanos, marchemos á Flan- 
des á combatir contra los eslranjeros. ¿Aprobáis mi 
pensamiento? 

TODOS Sí. (Con entusiasmo ) 

Foistan. Y yo os seguiré; no haya de hoy mas entre nosotros 
narros ni cadells; peleemos hasta morir por este solo 
grito. ¡Viva España! 

Todos. ¡Viva!... 

Niño. Contad con un soldado: si mi herida me lo permite, 
allí me reuniré con vosotros; ¿no es verdad, querida 
madre? 

Juana. Si, hijo mió; antes que tu vida, el honor de tu patria; 
mas quiero llorarte mártir, que traidor. 

Serra. Marchemos á participarían felices nuevas á nuestros 
hermanos. 

Todos. Vamos. (Con alegría ) 

Serra. Y al abandonar nuestras queridas montañas para reu- 
nimos al ejército de don Juan de Austria, uno sea el 
grito de todos sus hijos. ¡Viva Cataluña! 

TODOS. ¡Viva! (Se ponen en movimiento para marchar. Gacel telón.) 



FIN DEL DRAMA 



Habiendo examinado este drama, no hallo inconveniente en que su 
representación sea autorizada. 

Madrid 4 de Octubre de 1859. 

El censor de teatros, 
Antonio Ferrer del Rio, 



OBRAS DRAMÁTICAS 



DE 



D. FERNANDO GUERRA. 




DOS BODAS EN UNJARDIN.. . . I J "S Uete CÓIDÍC0 0rÍ S Ínai ei1 U " aC " 

( to y en verso. 

El Rey de copas ó una celada í Comedia en un acto original y en 
inocente ( verso. 

Los hermanos de la Costa. . Drama en cuatro actos y en prosa. 

Otro nudo gordiano. . . i Comedia en un acto original y en 

I prosa. 

TT í Zarzuela en dos actos, origiual v 

Un diarlo mudo que no es mu- | , . ,' 1 '^"' at j 

™ „^,.„r^ en prosa, música de D. Juan 

do ni diablo • 1 _ r ' 

- Carreras. 

T ~ | Drama en cuatro cuadros, origi- 

La libertad de Olot. . . . { . ' ° 

/ nal y en verso. 

\ Drama histórico en tres actos y en 

LOS HIJOS DE VILLAFRANCA. . . j 

Narros y Cadells, (2. n partei Drama en cuatro actos, original en 
de D. Juan de Serrallongaj. f prosa y verso. 



v..